Rafael Luis Gumucio Rivas
Quien mejor ha escrito sobre el poder fue Nicolás Maquiavelo y, seguramente, lo conoció tan bien que nunca lo poseyó, a pesar de su anhelo de disfrutarlo. Al poder siempre hay que mirarlo de lejos porque cuando se le conquista, se ve atrapado entre sus fauces y si lo pierde, pasa años añorando su reconquista. Algo así ocurre con Eduardo Frei Ruiz-Tagle –claro que guardando las proporciones de tiempo y lugar. Eduardo mamó la leche del poder siendo aún muy joven, cuando su padre fue elegido presidente de la república, en 1964. Los Frei forman parte de las grandes familias políticas chilenas; no es fácil ser hijo de un estadista de la calidad de don Eduardo Frei Montalva. Si revisamos la historia universal y chilena en particular, podemos comprobar que, en la mayoría de los casos, los hijos de personajes tienen que cargar una pesada mochila: en
Eduardo Frei Ruiz-Tagle ha hecho todo lo posible por diferenciarse de su padre: de orador tiene muy poco –apenas se expresa en monosílabos -; cuando fue presidente dejó gobernar a sus ministros, unos amigotes de toda la vida. Martita quiere ser una Aspacia de su tímido y silencioso Pericles. Los Frei tienen mucha suerte en política: ambos-padre e hijo- triunfaron con más del 58% de los votos. El apellido Frei equivale, en
Como buen hijo de falangista, Eduardo Frei Ruiz-Tagle conoce muy bien la fórmula para dominar a los duques de su Partido, razón por la cual ha podido vencer, fácilmente, a los valdesistas, aylwinistas, guatones, chascones y gutistas. Si bien su gobierno fue mediocre –él lo sabe muy bien- es lógico que quiera, como los budistas, una reencarnación, por eso, en algunos artículos, lo llamo Lázaro Frei, el único ser humano, después de Cristo, que ha resucitado. Frei se ve joven, dinámico, muy astuto para hacerse elegir entre dos candidatos que tenían asegurado el curul y para ocupar, como su padre, la presidencia de nuestro Senado.
Su competidora, dentro de
Frei, a diferencia de Pedro Montt, es un personaje afortunado: todos sus posibles rivales van cayendo, como palitroques, en las malditas encuestas de
Definitivamente, Martita y Eduardo forman una poderosa pareja y son un ejemplo de trabajo en equipo; no sé cómo Martita consiguió, con Felipe Camiroaga ser invitada a la experiencia extrema, en Animal Nocturno, a convivir con los sin techo, de la calle San Borja; hay que reconocer que su comportamiento fue, simplemente, brillante. No en vano Martita y Cecilia Morel, señora de Sebastián Piñera, fueron alumnas del Instituto Carlos Casanueva, de mi amigo y gran profesor, Enrique Cueto, un asturiano exiliado - hermano de Juan Cueto, propietario e LAN - a quien yo, personalmente, le debo ser profesor. La escuela de Orientación Familiar enseña a sus alumnas una cátedra muy ausente en nuestra educación, la de la humanidad y de compasión con aquellos que sufren. A veces pienso que esta es la esencia del sentido de la vida y de la religión, entendida como relación, entre creyentes y no creyentes. Jamás he creído que Jesús haya sido un frío ginecólogo, sino un hombre transido de pasión con los otros.
Dejando de lado esta digresión religiosa, me parece evidente que la collera Martita-Eduardo, en estos días se encuentra muy bien aspectada, en el torpe entierro preparado por los ambiciosos de siempre a la presidenta Michelle Bachelet.

Muy buen blog, le felicito. Tal vez le interese EL ARTE DE LA VENTAJA, libro virtual para descargar en
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Un saludo
Luis Rafael:
No habrá en Chile, una cara nueva, fresca, que no sean las mismas momias de siempre ?, que están contaminados por el cáncer neobliberal, que es lo mismo decir : injusticia social, desigualdad, explotación y ser subordinado al Imperio del norte?
Hasta cuando compatriotas chilenos, despertad pueblo, que Allende y el país os pide!