Arturo Alejandro Muñoz – desde Coltauco

En los últimos días varias publicaciones de prensa han dedicado páginas extensas al mismo tema: los directivos principales del gobierno y de las tiendas oficialistas están enfrentando las graves consecuencias de sus errores voluntarios, lo cual pone en jaque la unidad del sector. Una avalancha de problemas, sinsabores y amenazas de ruptura al interior de la coalición gobernante, permiten pronosticar días de convulsión para La Moneda. Múltiples medios informativos (de ideologías disímiles) – como La Tercera, La Segunda, La Firme, Punto Final, Le Monde Diplomatique y diversas radioemisoras capitalinas y medios electrónicos)- coinciden en lo mismo. El desgaste gobiernista es progresivo y mes tras mes el apoyo ciudadano es menor, acercándose ya al 40%.

¿Cómo puede explicarse que ello le suceda a un bloque político que durante 17 años ha contado, en las elecciones presidenciales y parlamentarias, con cifras favorables que superan largamente el 50% de los sufragios? ¿No han sabido administrar ese apoyo? ¿O existen otras razones que hoy comienzan a pasar la cuenta? Leyendo detenidamente los medios mencionados (y no haciéndolo con ‘lectura veloz’), algunas realidades comienzan a aflorar y se imponen sobre las informaciones oficiales que acostumbramos encontrar en las declaraciones y entrevistas de personeros principales de las tiendas políticas. De esos medios de prensa ha sido posible resumir e interpretar lo que se expone en las líneas siguientes.

Con la Concertación, en la elección de 1993, muchos confirmaron sus peores sospechas cuando se conocían los resultados del "boca de urna" fallido de CEP-ADIMARK esa tarde del 11 de diciembre. A los próceres del PPD, entre los que estaban Bitar, Rebolledo y Schaulsohn, se les vio "caras verdes" y sudorosas cuando el boca de urna CEP-Adimark le daba casi 100 diputados y 15 senadores a la Concertación alrededor de las 18:30 horas (la Concertación duplicaba en la enorme mayoría de distritos y circunscripciones). Los capos PPD decían trémulos que estaban aterrados por un posible Golpe de Estado, ya que la derecha y los militares no iban a aceptar el resultado, pero en realidad estaban aterrados de contar con una mayoría electoral que les iba a impedir la justificación que han tenido todos estos años para convertirse en unos simples (y profitadores) administradores-mayordomos del modelo institucional y económico de la derecha y la dictadura.

Alrededor de las20:00 horas de ese día, cuando se comenzó a manifestar el empate binominal de siempre -la encuesta a boca de urna CEP-Adimark había estado mal construida al no detectar en las parlamentarias el 10% de voto derechista que fue a Frei Ruiz-Tagle en la presidencial- a la cúpula PPD le faltó sólo mandar a descorchar champaña para celebrar elempate y el término del "peligro de ganar en serio" y mandar a la institucionalidad pinochetista de paseo el 11 de marzo de 1994.

Jamás el ‘Partido Transversal’ de la Concertación ha hecho un esfuerzo serio por ganar realmente la completa administración gubernativa (ya tenemos 3.000.000 de no inscritos y los chilenos en el exterior siguen sin poder votar) y en el malhadado Plebiscito Constitucional del 31 de julio de 1989 los dirigentes concertacionistas entregaron –y gratis- a la derecha y al pinochetismo el artículo sobre ‘mayoría parlamentaria’, diseñado anticipadamente por JaimeGuzmán para el posible triunfo de Pinochet el año 1988 y que les habría permitido legislar con mayoría simple en la Cámara y con tan sólo un tercio del Senado. Ese regalo concertacionistade julio de 1989 "llevaba yapa" para el pinochetismo duro, pues Patricio Aylwin se quedó sin senaturía vitalicia por ser un Presidente de sólo cuatro años.

Para el pinochetismo y la derecha UDI-RN el plebiscito constitucional del 31 de julio de 1989 fue algo así como ‘llegar y llevar’....por ello estamos como estamos hoy día luego de 17 años de Concertación: con la estafa binominal y de distritos electorales amañados intactos, la mayor concentración del Ingreso desde la década de 1930, el cobre desnacionalizado y privatizado en un 70% y pagando impuestos ridículos de 18% promedio, mientras envían al exterior casi un presupuesto fiscal completo de 20.000 millones de dólares, una transición a una democracia en serio que aún no comienza y una administración -la de la señora Presidente- que está terminando sin pena ni gloria aún antes de haber empezado a hacer algo parecido a gobernar con un proyecto nacional.

Consciente de que la coalición de gobierno muestra intersticios graves que amenazan destruirla, la senadora Soledad Alvear hizo un llamado al orden a los parlamentarios oficialistas ‘díscolos’. Pero, eso de "ordenarse" -ya reiterativo en la confundida y desconcertada Concertación- mueve a sonrisas, puesto que es imposible ‘ordenarse’ cuando se ha traicionado, estafado y prevaricado tanto; y a los dirigentes del bloque oficialista les resulta imposible desconocer el fracaso total de un proyecto que pretendía "crecer con equidad" (y neoliberalismo desatado). No quedó ni siquiera el ‘crecimiento’, porque si del magro 4% de crecimiento del PIB del año 2006 descontamos las ganancias remitidas al exterior por trasnacionales e inversionistas -y le sumamos las recibidas del exterior- nos queda un Ingreso Nacional per cápita que cayó casi en un 4,5% (ver el estudio del economista Orlando Caputo, publicado por diversos medios nacionales en Internet y en ”papel” sólo por el semanario El Siglo a fines de abril.

Lo anterior explica en parte la extendida sensación de molestia de la población de un país que se ufana de poseer cifras macroeconómicas exitosas (teóricamente ya estamos en $2,000.000 por familia al mes), pero que realmente retrocede y precariza el trabajo. Chile tiene a más del 80% de sus familias viviendo bajo el nivel de las necesidades mínimas civilizadas (alrededor de $550.000 al mes por familia de 3,8 personas). Lo anterior queda confirmado con las cifras de ingresos familiares de los escolares que dieron la prueba SIMCE (ver La Nación, 9 de mayo 2007, pág.2.: “Municipales obtienen mejor puntaje en los sectores más pobres”, en Internet www.lanacion.cl )

Desde marzo de 1990 y hasta marzo del 2006 la coalición UDI-RN dispuso además de otro seguro antidemocrático, destinado a mantener la institucionalidad de la dictadura: el voto de nueve a seis senadores pinochetistas designados, todos inicialmente nombrados por la saliente dictadura. La derecha aceptó eliminar el sistema a partir del 11 de marzo del 2006 ya que la Concertación gobernante –con los ex presidentes Eduardo Frei y Ricardo Lagos como senadores vitalicios- podría llegar a controlar una mayoría de esos once senadores designados y vitalicios. La derecha pinochetista se ha asegurado con estos mecanismo antidemocráticos el mantenimiento –con sólopequeñas reformas a su conveniencia y arbitrio- de toda la institucionalidad impuesta por la dictadura en lo referente a Constitución, Tribunal Constitucional, Leyes Electorales y Leyes Orgánico-Constitucionales que requieren de mayorías de2/3, 3/5 y 4/7en ambas cámaras por separado para ser reformadas (sin posibilidad algunade Plebiscito de origen presidencialy menospopular).

En Chile desde hace 17 años tenemos una verdadera democracia de farándula, casi totalmente tutelada y controlada –salvo en asuntos administrativos- por el pinochetismo derechista, sus poderes fácticosy sus dos partidos que disponen de un generalizado poder de veto, auxiliado además hasta en algunas leyes ordinarias (que no requieren de quórum calificado) por los sectores más conservadores y neoliberales de una Concertación apenas ‘administrante’ de la institucionalidad del pinochetismo. Estos sectores,el 11 de abril recién pasado, aportaron 4 senadores gobiernistas (3 del PDC y 1 PPD) para aprobar junto a la derecha UDI-RN el acuerdo intervencionista contra el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela.

Resulta bastante irónico, e hipócrita, que ese conjunto de personajes se preocupe tanto de la libre expresión de las ideas en un país distinto al nuestro, ya que ellos en el pasado, y también en el presente, no han mostrado esas mismas preocupaciones en su propia patria, la cual ha visto el cierre de una decena de medios escritos –todos de centro izquierda o izquierda- en estos 17 años de gobierno de la Concertación. Baste recordar lo sucedido a partir de 1990 con los desaparecidos diarios La Época, Fortín Mapocho y Siete, y las revistas Análisis, Cauce, Página Abierta, APSI, Los Tiempos, Siete Más Siete, Plan B y Rocinante y ahora con el diario electrónico Granvalparaíso, al que el gobierno le cortó el avisaje traspasándolo a El Mercurio de Valparaíso. Todos esos medios fueron económicamente asfixiados por acción deliberada de los gobiernos concertacionistas, que no querían hacerse problemas con los poderes fácticos políticos, empresariales y militares del pinochetismo.

En el pasado, varios de esos ahora “libertarios” parlamentarios –sea por acción u omisión- promovieron y apoyaron el cierre y el robo “manu militari” de los medios de prensa de izquierda en 1973 (recordar a los diarios Última Hora, Clarín, El Siglo, y El Popular de Valparaíso, las revistas Mayoría, PLAN, Punto Final y Chile-HOY, las imprentas Prensa Latinoamericana y Horizonte y las radios Magallanes, Corporación, Luis Emilio Recabarren, Nacional y Sargento Candelaria). A partir del golpe militar de 1973 más de 80 periodistas, estudiantes de periodismo y trabajadores de la prensa e imprenta fueron asesinados o desaparecieron.

Lo anterior es un argumento más para demostrar cómo, a espaldas de la gente, quedó instalada en Chile –con la pusilánime complicidad de la cúpula concertacionista en las negociaciones de 1989- una democracia neoliberal tutelada y limitada, protegida por un conjunto de seis ‘seguros’, a saber: 1) un sistema electoral binominal fraudulento y con distritos amañados en beneficio de la minoría derechista; 2) nueve senadores designados, tres de ellos ex Comandantes en Jefe de las FFAA y un ex Director de Carabineros; 3) un Tribunal Constitucional controlado por el pinochetismo y los sectores más conservadores del PDC; 4) un Consejo de Seguridad Nacional con mayoría militar; 5) Fuerzas Armadas y de Policía Militarizada (Carabineros) con amplia autonomía y, 6) un duopolio derechista y empresarial de la prensa escrita (El Mercurio y COPESA) montado a fines de la dictadura con créditos blandos –algunos de ellos nunca cancelados por los ‘deudores’- de la propia banca estatal. Este duopolio se ha extendido en los últimos años a la televisión y afecta hasta a la televisión pública (TVN) que es controlada por un directorio paritario de militantes de la Concertación y la derecha UDI-RN.

De los seis seguros mencionados, a 17 años de iniciada la “transición a la democracia”, aún se mantienen cuatro de ellos en pleno funcionamiento, ya que sólo han sido eliminadas la institución de los senadores designados y vitalicios y cambiada la composición y atribuciones del Consejo de Seguridad Nacional (CSN).

En nuestra inefable democracia actual, las únicas elecciones verdaderamente democráticas en que los chilenos participamosson las de Presidente de la República y desde octubre de 2004 las de Alcaldes, ya que en ellas se elige a quien finalmente obtenga más del 50% de los votos, o una clara primera mayoría en el caso de los ediles. En el sistema institucional heredado de la dictadura, la Presidencia de La República tiene un margen de maniobra absolutamente limitado -en materias políticas e institucionales de fondo- por el amplio derecho a veto de la derecha UDI-RN en todo tipo deasuntos relevantes. Ni las elecciones de concejales comunales escapan totalmente a esta verdadera estafa, ya que los comicios se realizan en la gran mayoría de las comunas por una variación del sistema binominal, que le asegura el empate a la minoría de derecha UDI-RN, pues en un alto número de comunas la reforma de 1992 determinó un Concejo Municipal de sólo seis miembros, por lo que una coalición mayoritaria con el 53% de los votos empataría a tres concejales en el Concejo Municipal con la coalición minoritaria que obtuviese alrededor del 40%.

En una entrevista concedida al diario ‘El Mostrador’, el Premio Nacional de Historia 2006, Gabriel Salazar, galardonado por escribir sobre la realidad social a partir de los actores anónimos, plantea que un estallido social está cerca, que las condiciones ya están dadas y que sólo falta una señal para que los golpeados por el modelo económico se rebelen con fuerza. Es por ello que plantea que la Presidenta Michelle Bachelet, a quien tuvo la oportunidad de conocer de cerca en una reciente gira por Colombia con motivo de la feria del libro de ese país, le recomienda radicalizar la agenda con fuerza, si no quiere que su gobierno pase al olvido.

Las señales a las que hace alusión el Premio Nacional de Historia pueden ser variadas, como la trágica muerte de un obrero forestal a manos de la fuerza pública en el marco de una negociación colectiva con Bosques Arauco, firma perteneciente al grupo Angelini, uno de los más poderosos de Chile. A lo anterior se suma, coincidentemente según él, la preocupación que han expresado personeros del oficialismo en el documento denominado “La disyuntiva: una Concertación conservadora o una Concertación al servicio de la mayoría”, en que se cuestiona el actual modelo económico y la conducción que de él ha hecho la coalición oficialista.

Salazar asegura que si la mandataria provoca el giro, las bases populares y, en especial los pobladores, trabajadores, estudiantes, campesinos y pequeños empresarios, le brindarán el respaldo que requiere. Sin embargo, ve que dicha posibilidad es lejana, considerando la llegada al gobierno de ex miembros del MAPU, como el ministro secretario general de la Presidencia, José Antonio Viera Gallo y el PDC Cortázar, a quienes identifica como pro modelo neoliberal. Igualmente el gobierno Bachelet, contra toda lógica política de tener un proyecto nacional viable, se ha mostrado tozudo en mantener en puestos relevantes del gabinete a ultra neoliberales pro norteamericanos y enemigos de la integración latinoamericana como el PDC Alejandro Foxley en Relaciones Exteriores, los miembros del grupo Expansiva Andrés Velasco en Hacienda y Karen Poniachick en Minería, esta última una periodista y ex funcionaria del grupo Rockefeller en Nueva York.

Con todo lo expuesto, nadie podría moverse a extrañeza si el año 2009 la derecha obtiene a través de una votación democrática el control del gobierno y acceda a La Moneda –luego de medio siglo -desde la eyección de Jorge Alessandri R. en 1958- merced al sufragio universal emitido por una mayoría ciudadana confundida -parte significativa del electorado cree aún que la Concertación y el gobierno Bachelet son de izquierda-, irritada y sin opciones abiertas debido al fraude binominal.