EL SISTEMA NEOLIBERAL NO TIENE NADA MÁS QUE OFRECER SALVO MAYORES PENURIAS Y DESIGUALDADES
Arturo Alejandro Muñoz –desde Coltauco
EVO MORALES ESTÁ solo en el Palacio Quemado, sentenció el hermano del Presidente boliviano acusando con ello a los partidos políticos oficialistas que parecen haber abandonado al mandatario, dejándolo a la intemperie. Los motivos pueden ser de índole variada, pero es un hecho cierto que Morales ha sido incapaz –hasta ahora- de obtener el ingreso de capitales foráneos y mejorar la deteriorada unidad boliviana, donde regiones como Pando, Tarija y Santa Cruz amenazan con la división.
No es el caso de Chile, ya que en nuestro país, como nunca antes en su Historia, el capital extranjero –tanto como el criollo- tuvo puerta franca para disfrutar de exenciones tributarias, apoyo político sin distinción, libertad absoluta de emprendimiento y, además, la puesta en práctica de políticas laborales y previsionales que castigan al trabajador.
El modelo neoliberal fue impuesto mediante las bayonetas dictatoriales por el grupo ideológico-económico de los Chicago Boys, y vestido con ropajes ‘democráticos’ por los gobiernos de la Concertación en concomitancia con los partidos políticos derechistas. Desde 1975 a la fecha, existe en Chile un co-gobierno cuyas directrices emanan de un lugar llamado Casa Piedra, verdadero cuartel general del gran empresariado, que mueve a sus peones de la Alianza por Chile, y también a muchos de la Concertación, para ‘poner lógica comercial’ en el sistema e incrementar sus perfiles en orden a asegurar mayor ganancia, tranquilidad y dominio a los dueños de todo.
Hoy, ese mismo sistema está en crisis, quizá tocando techo (o fondo), pues si ha sido el empresariado criollo y transnacional quien lo impuso y defendió y expolió hasta el último cogollo, es válido afirmar que la corona del sistema mismo es un amplio y pesado manto de fracaso, ya que los indicadores macroeconómicos señalan un serio y prolongado estancamiento. A ello debe agregarse el conjunto de opiniones vertidas por especialistas pro-neoliberalismo que recogen diarios extranjeros, especialmente en Estados Unidos, Gran Bretaña y España. Aunque esos medios señalan que la economía chilena continúa presentando rasgos ‘de vigorosa fuerza’, concuerdan en acusar al gobierno de Michelle Bachelet de ‘ineficiencia e inoperancia’ en la correcta administración de la economía nacional, aduciendo que el bajo crecimiento económico, la corrupción, la carencia de manejo político, las protestas estudiantiles, la pésima distribución del ingreso, el hasta ahora fracasado plan Transantiago, y otros asuntos de igual o mayor significación, han puesto en evidente riesgo de fracaso al sistema mismo. Aún más, publicaciones como ‘The New York Times’ y ‘Herald Tribune’ temen que en nuestro país comiencen a desarrollarse graves y violentas manifestaciones populares que pondrían de cabeza a las autoridades y le quitarían piso a la tranquilidad de los inversionistas.
“Hasta El Mercurio se vio obligado a reconocer que el PIB per cápita de Chile casi se duplicó entre el 2003 y el 2006…”, afirman con frescura increíble muchos ignorantes ‘fans’ de la Concertación. Pero no hacen mención alguna sobre cómo se distribuyó ese fantástico crecimiento del PIB per cápita, que nos habría colocado (y lejos) en el primer lugar de crecimiento mundial del producto, pues parece que tienen mala sus calculadoras o no saben manejarlas.
Entre el 2003 y el 2006, las cifras oficiales del Banco Central, que por lo demás fueron publicadas destacadamente en casi todos los diarios del país el día 26 de marzo pasado, el crecimiento del PIB fue de 3,9%, 6%, 5,7% y 4%. Como el crecimiento de la población es del 1% anual, un cálculo bastante elemental nos señala que el crecimiento del PIB per cápita de Chile entre el 2003 y el 2006 fue de sólo 17,51%, cifra bastante lejana del “casi 100%” que señalan los triunfalistas apologistas del gobierno y de la Concertación. Para más abundar, el crecimiento real de los salarios y pensiones medias en esos cuatro años, cifras que dan cuenta del aumento del bienestar de la gran mayoría, fue de sólo un 8,5%, menos de la mitad del aumento del PIB total 2003-2005 que fue del 21,1%.
Los ilusos y fanáticos politicastros amateurs adheridos a la Concertación y a la Alianza, se engolosinan con algunas de las estupendas cifras macro de Chile, pero nada dicen sobre el hecho que más del 15% de ese creciente PIB se fue el 2006 fuera de Chile por las ganancias libres de impuestos de un puñado de trasnacionales de nuestro ex nacionalizado cobre, que hoy pertenece a CODELCO en tan sólo un 30% (en marzo de 1990 era del 88%).
Los desopilantes ‘comentaristas y opinólogos’ que defienden este modelo (sin conocerlo realmente) sólo ven falencias políticas para explicar el notorio malestar y la creciente desafección ciudadana al duopolio binominal que nos gobierna ya desde hace 33 años. Duopolio que se ha puesto de acuerdo, con el visto bueno de más del 85% de los senadores y bajo la conducción del “realista” ministro socialista de la SEGPRES J. A. Viera Gallo, en nombrar como Contralor a un abogado conservador que pertenece a un empingorotado y caro estudio legal y que hace clases en dos de las más derechistas, elitistas y neoliberales universidades privadas de Santiago.
Tampoco esos opinólogos, en sus mañosas cifras macroeconómicas de estos 16 años y de las virtudes que exhibe Chile en comparación con sus vecinos, nos dicen algo sobre el lugar que ocupamos hoy en materia de desigualdad del ingreso en Latinoamérica. Chile está en el selecto club conformado por Bolivia, Haití, Colombia, Brasil y Paraguay que exhiben las peores distribuciones del ingreso de la región, según el Informe 2006 sobre Desarrollo Humano del PNUD.
Chile está aún peor que varios países, que notoriamente se encuentran en una situación de desarrollo económico y social bastante inferior al nuestro, como Guatemala, Honduras, Panamá, República Dominicana, El Salvador y Perú, y muchísimo peor que los países que exhiben los mejores índices de distribución del ingreso en la región: Uruguay, Costa Rica, Venezuela y Ecuador.
Chile el 2006, según las cifras del mismo informe del PNUD, ha alcanzado un per cápita de US$ 11.900 (a dólares de poder de compra equivalente), lo que significa que una familia chilena promedio de 3,6 personas tiene hoy un ingreso mensual de $2.000.000 aproximadamente. Pues bien, el 83% de las familias “medias” reales no llega a obtener siquiera $520,000 mensuales, que de acuerdo a los criterios del PNUD (y al nivel chileno de precios) la dejarían apenas raspando por encima del nivel de “pobreza civilizada”.
Nuestra familia estadística promedio está muy por sobre el nivel de “pobreza civilizada” del PNUD, pero la realidad nos muestra que esa cifra que nos acerca a los países menos desarrollados del sur de Europa Occidental (Portugal, Grecia, Malta) disfraza el que la pésima distribución del ingreso –peor aún que en el promedio de los años de la dictadura- nos deja con cuatro quintas partes de nuestra población bien lejos del sur de Europa y más bien en torno a las medias de Centroamérica o el norte de África. Esta penosa realidad está muy acorde con lo sucedido con la distribución funcional del Ingreso de 1972 al 2005. En ese año el 63% del Ingreso Nacional era captado por asalariados y pensionados; en el último año del gobierno de Ricardo Lagos esa cifra bajó al 37%, la peor desde la crisis de los años 30.
Según muchos economistas esa horrorosa distribución del ingreso es la que explica los mediocres crecimientos económicos de 2005 y 2006, años en que los ingresos por precio del cobre se duplicaron y más que triplicaron con respecto a los del 2003-2004. No hay mercado interno suficiente para sostener un crecimiento acorde con el explosivo crecimiento de los retornos por exportaciones, y se acumulan los excedentes fiscales en dólares que van a incrementar los depósitos de la banca internacional y a sostener el valor del decadente dólar. Todo esto no existe para los ‘conversos ex -progresistas’ de la Concertación.
Ellos cifran sus esperanzas en las nuevas y antiguas cabezas, como las de Andrés Velasco y René Cortázar, o las de aquella tecnocracia que diseñó y echó a andar el algo fallido Transantiago, pero no hacen crítica alguna a que por dos años no se hayan realizado los trabajos e inversiones necesarias para un funcionamiento eficiente y humano del nuevo plan de Transporte en la capital del país sin tener que cercenar los escuálidos presupuestos destinados a las olvidadas y ninguneadas Regiones. Para esos ‘comentaristas’ lo más importante es que Andrés Velasco ha asegurado que “los recursos están”. ¿Pero es que acaso el 2005 y el 2006, con los superávit fiscales récords que hubo, no estaban?
El “Tercer Manifiesto de los Historiadores”, publicado recientemente vía Internet por reconocidos profesionales de las ciencias sociales y de las económicas, da mejor cuenta de lo dicho cuando, entre otros parámetros, considera lo que a continuación usted leerá.
El modelo neoliberal, en sí mismo, ya no admite en Chile más perfeccionamiento neoliberal: ha llegado a ser el caso más ortodoxo y extremista del mundo. Si lo que le faltaba a ese modelo antes del gobierno de Ricardo Lagos eran tratados de libre comercio con las grandes potencias del mundo, hoy cuenta más de 50 países asociados bajo ese esquema (incluyendo Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y China).
Si durante la dictadura el capital extranjero mostraba reticencias, en la actualidad no sólo controla casi el 70 % de los rubros acumulativos más importantes, sino que su omnipresencia induce a los capitalistas chilenos a invertir sus ganancias en el extranjero (la inversión chilena en el exterior suma ya 60.000 millones dólares, de los cuales la mitad corresponde a los fondos sociales de las AFPs). Si las tasas de crecimiento anual fluctuaron hasta 1996 entre el 06 y el 07 % como promedio, hoy llegan con dificultad sobre el 04 o 05 %. Pero las ganancias privadas de las grandes empresas están sobrepasando regularmente el 35 % anual (tres veces sobre el promedio norteamericano y cuatro veces el japonés). La saturación del modelo neoliberal está produciendo, por todo eso, la aparición de capitales ociosos dentro del país (que se gastan construyendo edificios de departamentos y cadenas de malls, supermercados y farmacias), y la única solución que se ve a esa plétora es aumentar el límite de inversión de los fondos sociales de las AFPs en el exterior, del 30 % que es hoy, a 80 % en tres años más (los empresarios quieren que sea en menos tiempo). No es extraño que los informes de las consultoras internacionales (Standard & Poor’s, por ejemplo) señalen que las exportaciones del país tienen poco valor agregado, y que el conjunto de la economía se debate en su incapacidad para producir tecnología. El modelo neoliberal es, en el fondo, primario-exportador y, como tal, llegó a su máximo desarrollo. No puede más. Está en régimen de “meseta”. O sea, históricamente, en fase de espera.
En lo económico, el modelo neoliberal en Chile tocó techo superior. No ocurre lo mismo con los indicadores sociales que año a año empeoran, aproximándose a ese punto mínimo donde se producen la ignición y la explosión. Una rápida revisión de esos indicadores puede ilustrar lo aseverado. En lo laboral: el 80 % de los chilenos trabaja para las pequeñas o medianas empresas (PYMES), no para las grandes empresas con alto estándar competitivo; el 93 % de los nuevos contratos de trabajo dura menos de 4 meses; el 75 % de los nuevos empleos corresponde a opciones de auto-empleo; el 45 % de los empleos corresponde a alguna forma de empleo precario (temporal, sin contrato y sin previsión); la distribución del ingreso aumenta año a año su desigualdad, llegando a ser la más injusta en siglo y medio y una de las peores del continente americano, etc.
Como resultado de esta situación laboral (algunos senadores “demócratas” proponen, además, eliminar la indemnización por despido, y compensarla con una previsión “solidaria”), cada vez menos chilenos quieren ser proveedores de familia y hogar. Tampoco puede extrañar que más del 45 % de los chilenos presente complicados síntomas neuróticos y que más del 40 % no entiende lo que lee (60 % de los chilenos no leyó ningún libro en el año 2005). ¿Cabe sorprenderse porque los niños callejeen y no aumenten sus puntajes en las pruebas SIMCE, ni bajo estándares chilenos, ni bajo los internacionales? ¿No es sorprendente que las autoridades no difundan por todas partes el informe de la comisión OCDE sobre la educación chilena, que concluyó que ésta es competitiva (no solidaria), mercantilista (no humanista) y clasista (no comunitaria)? Y no cabe sino extrañarse de que Paz Ciudadana se sorprenda porque, a pesar de que el modelo neoliberal culminó su desarrollo, la violencia y la tasa de delitos contra las personas y las cosas siga aumentando, tanto en la calle como dentro del hogar. Es explicable, a final de cuentas que, por todo esto, las encuestas de la Universidad Diego Portales, de El Mercurio Opina S. A. y de la Corporación Genera coincidan en que el 85 % de los chilenos no siente credibilidad ni confianza en el Congreso Nacional, en el Poder Judicial, en los partidos políticos y en los políticos.
La Concertación está orgullosa de los parámetros macro-económicos, pues eso indica que está administrando “bien” la herencia que le encomendó la dictadura y el gran empresariado, el que, como es natural, se frota las manos (y los bolsillos). Pero todos debiéramos preocuparnos por los indicadores de “desarrollo humano” (social). Es evidente que se está viviendo una nítida “crisis de representatividad” y que está en desarrollo una larvada “transición popular” autónoma, cuya futura proyección histórica y política no está siendo debidamente considerada. La movilización cívica de los estudiantes secundarios (“pingüinos”) fue, sólo, un anuncio.
Es lo que afirman los Historiadores chilenos en su último trabajo. Concuerdo plenamente con sus opiniones, pues el empresariado fracasó en su proyecto y los chilenos seguimos al salto de la mata, esperando que alguna vez, algún gobierno, tenga fuerza y decisión para poner de pie lo que está de cabeza.

economista decepcionado dijo
Muy buen artículo que revela con datos y números inequívocos la farra económica pseudo democrática que nuestro país viene sufriendo desde hace treinta años por responsabilidad exclusiva de los distintos gobernantes. El sistema neoliberal, como dice el autor, ha fracasado estruendosamente porque no fue capaz de satisfacer realmente las necesidades y las aspiraciones de los chilenos. Los empresarios han gobernado sin contrapeso y fracasaron en toda la línea.
No creo que se inicie ninguna discusión sobre el tema en Chile. Ni tampoco creo que el Gobierno medite sobre este tema. El asunto pasará por un tubo y los neoliberales, todos educados en los Estados Unidos y que en el fondo son más ciudadanos de ese país que chilenos, seguirán actuando como lo que son: agentes estadounidenses en comisión de servicio en el gobierno de Chile. Gobierno al que atribuirle ingenuidad ya es como de tontos: no puede ser que sigamos siendo tan imbéciles como para permitir la persistencia de este derroche y la malversación de capitales que tanta falta nos hacen, todo ello en beneficio de los que han obtenido gigantescas ganancias a costa de la explotación de nuestros recursos naturales y que nos han embaucado con sus tesis "económicas", los mismos que cuando tratamos de independizarnos y comenzar a desarrollarnos en serio nos golpearon con ayuda de quienes hoy toman estas decisiones desde La Moneda.
Hay algo muy curioso en las finanzas públicas. Según los propios informes fiscales de la Dirección de Presupuesto (www.dipres.cl), en 2005 se acumuló un superávit de más de US$ 5.000 millones, y en los nueve primeros meses de 2006 más de US$ 9.000 millones adicionales. No obstante, los mismos informes dicen que al 30 de septiembre 2006 el Estado tenía depositado unos US$ 9.000 millones, cuando debería tener US$ 14.000 millones acumulados. ¿Que pasó con los otros US$ 5.000 millones?
¿Cuando se terminará esta danza estéril de los vende-patrias, los clowns brutales y arrogantes que, más encima, exigen que los respetemos y les rindamos pleitesía porque se dignan, se rebajan, a robarnos en descampado?
9 Abril 2007 | 01:40 AM