Arturo Alejandro Muñoz – desde Coltauco

HACE TRECE AÑOS, el asfalto de la Ruta H-30 llegaba exactamente hasta el sector de Idahuillo (a escasos cinco o seis kilómetros al oriente de la cabecera comunal de Coltauco). Quienes necesitaban llegar a Peumo o San Vicente de Tagua-Tagua debían transitar por un sector llamado Cuesta de Idahue, donde la vía era de tierra, cascajos y curvas peligrosas encerradas por los montes y el río Cachapoal. Por fin, el mes de junio de 1994, ese trazado contó con asfalto y los peligros pasaron a la historia. Hoy, viajar hacia Peumo por aquel sector podría constituir un agrado y una verdadera excursión del mejor turismo.

Para quienes no conozcan esa zona, la Ruta H-30 une a Rancagua con las comunas de Doñihue (Lo Miranda incluida), Coínco y Coltauco, engarzando finalmente –más allá de la Cuesta Idahue- con la Carretera de la Fruta que permite al viajero comunicarse con San Vicente de Tagua-Tagua, Malloa y la Ruta Cinco Sur (hacia el oriente), tanto como Peumo, Las Cabras, Lago Rapel, Alhué, Rocas de Santo Domingo, Llo-Lleo y San Antonio hacia el norte. Pasado Peumo, hay un magnífico desvío (asfaltado y amplio) que conduce al viajero hacia las comunas de Pichidegua y Marchigüe, para conectarlo con la carretera que va al balneario de Pichilemu. Un viaje que, por cierto, es recomendable para todos aquellos estresados citadinos que deseen aspirar aire limpio un fin de semana.

No obstante, hay problemas…o alertas necesarias de activar. La Ruta H-30, otrora una vía de escaso tránsito vehicular, soporta hoy un alto número de camiones pertenecientes a empresas contratistas de diversas empresas (Agrosuper, Codelco, Supermercados, etc.) que circulan por aquella importante vía a altas velocidades poniendo en riesgo la vida de transeúntes (principalmente trabajadores agrícolas y estudiantes), como también amenazan la integridad física de conductores de vehículos menores. Solamente en estos últimos dos días de febrero, tres accidentes tiñeron de rojo la Ruta H-30 debido a la irresponsabilidad de conductores ‘profesionales’ de camiones, quienes siguen creyendo que el lugar es una pista de alta velocidad, principalmente amparados en el argumento de que ella cruza por comunas rurales donde hay escasa –e intermitente-presencia de Carabineros.
Cualquier autoridad que se interese en el tema, podría conversar con los conductores de taxis colectivos en el Rodoviario rancagüino. Ellos le informarían de las dificultades y peligros que diariamente enfrentan en esa ruta al transportar a miles de pasajeros que viven en las comunas rurales mencionadas anteriormente, y que requieren del servicio de las líneas de colectivos para movilizarse hacia la capital regional. Si esas opiniones no fueran suficientes para constatar lo aseverado, las autoridades deberían entonces entrevistar a los conductores de la empresa Sextur, cuyos buses efectúan amplios y largos recorridos entre Rancagua y Las Cabras. Las explicaciones y necesidades de las empresas que contratan camiones para trasladar sus mercaderías no pueden constituir la ÚNICA opción atendible, menos aun si esos vehículos resultan ser los responsables del severo deterioro de la Ruta H-30 y de la calidad de vida de quienes habitan en las comunas aledañas.

Ahondando en el tema, la estructura misma de la ruta está sufriendo graves daños a causa del desmedido peso de camiones que transportan productos y animales hacia los centros productivos, incluyendo obviamente las cargas movilizadas por diversas empresas de la Sexta Región desde y hacia al puerto de San Antonio. Desgraciadamente, algunas empresas actúan con tal desparpajo que ven a esa vía como parte de su propiedad, minimizando las necesidades que asisten a los vecinos de las comunas que son conectadas por aquella ruta, como si ellos fueran solamente un menguado y hasta molesto apéndice del asunto.

Es habitual observar –día y noche- a un alto número de enormes camiones transitando a velocidades que superan con largueza los máximos permitidos, cruzando por pueblos y localidades tal cual si la zona se tratase de un circuito profesional de rally automotriz, al estilo del Lisboa-Dakar. ¿Quién, por ejemplo, controla el peso de esos vehículos, sus tres o más ejes, su velocidad, su carga, etc.? Ocasionalmente hemos comprobado la presencia de funcionarios del MOP y de la Dirección de Tránsito establecidos en la ruta para verificar pesajes a la altura del sector del antiguo Camino de la Bizana…pero sólo ocasionalmente (dos o tres veces al año, y durante un par de días en cada ocasión).
En un día hábil cualquiera, los vecinos de Doñihue (en el sector conocido como California) han constatado el paso de noventa y ocho camiones de alto tonelaje en una hora y quince minutos (10:15 a 11:30 horas). La mayoría de ellos circulando a velocidades que superan los cien kilómetros por hora pese a la voluminosa carga que transportan y sin considerar que algunas de ellas corresponden a ‘cargas vivas’, es decir, cerdos u otros animales, lo que hace más peligrosa la conducción.

El llamado principal es a las empresas, más que a los conductores de camiones, pues estos últimos se ven impelidos a efectuar recorridos a toda velocidad por ‘órdenes y necesidades’ del empleador contratante. Los directivos de aquellas grandes industrias (fiscales y privadas) necesitan recibir un recordatorio oficial emanado de la autoridad pertinente, a objeto de coadyuvar en el cuidado de las vidas humanas y de la ruta misma, que tanto esfuerzo significó al erario nacional y al trabajo de la comunidad organizada de quienes viven, trabajan y hacen país en esas zonas rurales.

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