Arturo Alejandro Muñoz – desde Coltauco
Un alto ejecutivo de la empresa de servicios eléctricos Chilectra (que tiene a su cargo la distribución de energía eléctrica en Santiago), respondió a un artículo aparecido en un importante diario electrónico (www.granvalparaiso.cl) en el que se criticaba con dureza a los gerentes de las empresas sanitarias, eléctricas y telefónicas. El fondo del artículo apuntaba a la inefable acción que esas empresas vienen concretando con el envío indiscriminado de diversas cartas a los usuarios, en las que se les amenaza –aún si no son deudores morosos- con cortes del suministro y retiro de los medidores, amén de otras penas infernales que podrían ser llevadas a cabo por los tribunales de justicia.
El ejecutivo de marras –cuyo nombre es Torcuato Cueto-administra el Departamento de Cobranzas Especiales (¿?) en Chilectra. Muy suelto de cuerpo y apoyado en la soberbia del poderoso, amparado quizá en la pusilánime labor de parlamentarios y autoridades, el señor Cueto (o don Torcuato, o como usted prefiera llamarlo) asegura que serán las próximas generaciones de chilenos quienes ‘entenderán y aceptarán’ que los cobros (excesivos o no) por servicios eléctricos deben ser pagados sin chistar y cancelando las cifras que la empresa estime pertinente. Aún más, el señor Cueto dice que las nuevas generaciones mapuches –convencidas de los imperativos economicistas de los nuevos tiempos- dejarán voluntariamente sus tierras en el sur para que las centrales hidroeléctricas las ocupen. Termina asegurando don Torcuato que pronto comenzará la instalación de ‘medidores inteligentes’, los que suspenderán de inmediato el suministro eléctrico de las viviendas cuyos usuarios no hayan pagado a tiempo la cuenta del mes. Y don Torcuato Cueto –con esa amenaza encubierta- pareciera solazarse.
No sabemos si este caballero es criollo o extranjero, y sería muy bueno saberlo pues si se trata de un foráneo ha metido a su empresa en un lío mayor, ya que los extranjeros no pueden ni deben inmiscuirse ni opinar públicamente respecto de materias que son propias del país que los recibe, y su opinión respecto de la etnia mapuche es una clara intromisión en asuntos nacionales. Ahora bien, si el ejecutivo es chileno, sus comentarios denotan claramente el clasismo propio de los nuevos ricos, endilgándole gratuitamente a su propia empresa el tilde de ‘racista’. Si Chilectra no rechaza las declaraciones del señor Cueto, avala con ello la suposición pública de estar frente a una organización ya no exclusivamente monopólica, sino también soberbia, veleidosa y, por cierto, racista.
Esas declaraciones de un ejecutivo importante de la hoy día extranjera empresa Chilectra han sido leídas por parlamentarios, políticos y autoridades. Representan una abierta bofetada a la inteligencia de los chilenos, amén de una indesmentible amenaza proferida al amparo de las amplias coberturas que el actual sistema neoliberal les regala a los capitales transnacionales. Pero, por sobre todo, muestran al desnudo el clasismo y el racismo que vienen adosados a las mentes y bolsillos de empresarios (extranjeros y nacionales) que no tienen patria, Dios ni ley. Para ellos, Chile es un pozo de frescos metales que debe ser explotado con inmisericorde alevosía. Hasta este momento, ninguna autoridad ha contestado el insulto de don Torcuato.
No cabe duda que en nuestro país ya no existe el digno sentimiento de identidad nacional, finiquitado este por la preeminencia del exitismo e individualismo que se desglosan de la política consumista que echó por tierra los ideales sociales. Es otro tiempo el que vivimos. La hora de las utopías y de los sueños americanistas fue sobrepasada por los avatares paridos en instituciones financieras de ultramar e impuestas a sangre y fuego en la angosta y larga faja de tierra que, otrora, sintiera orgullo por sus tradiciones e Historia.
Nadie puede discutir el derecho inalienable que asiste a toda empresa para obtener ganancias a través de su trabajo, ni siquiera se debe impugnar el beneficio económico al que toda organización tiene merecido derecho si cumple con la legislación vigente. Lo malo es que esa ‘legislación vigente’ permite a las empresas mayores constituirse en monopólicas, pagar escasos impuestos, deshacerse del ‘royalty’, ofrecer salarios irrisorios, estragar el medio ambiente y, como si fuera poco, amenazar a los potenciales usuarios con avisos de nuevas alzas en los bienes y servicios que producen. Mayor gravedad reviste lo dicho cuando se trata de empresas transnacionales como las eléctricas, telefónicas, sanitarias, concesionarias de autopistas, etc., casi todas en manos de financistas y empresarios españoles, pero se trata de nuevos dueños de empresas y bienes de servicio que ya existían en Chile antes de la llegada de esos capitales ‘frescos’.
La OMC (Organización Mundial de Comercio) ha señalado a los chilenos como los mejores ‘pagadores’ de América Latina. Somos faraones en cuanto a uso de tarjetas de crédito, solicitudes de préstamos y compras a plazo. Pero también somos considerados por la organización mundial del comercio como clientes responsables. ¿Entonces, a qué obedecen las amenazas del señor Cueto? ¿Nos está diciendo –en el típico lenguaje del empresario agiotista y explotador- que se nos apretará más el cogote para exprimir mayor cantidad de jugo desde nuestros bolsillos? Quizá nos esté enrostrando nuestra inconcebible capacidad de aguante, mediante la cual el empresariado se permite aumentar unilateralmente los porcentajes de intereses en las cobranzas y alzar los costos de los servicios, sin que gobierno, oposición y partidos políticos digan siquiera ‘esta boca es mía’.
Definitivamente, algo marcha a tropezones en Chile. El chancho está mal pelado, decimos aquí en el campo cuando las cosas funcionan a favor de un solo sector social. Preocupa la inopia y desidia de las tiendas políticas en estas materias, pero más inquieta la complaciente actitud de nuestros gobernantes que muestran disposición favorable a los intereses expoliadores del capital extranjero. Los ejemplos de organizaciones transversales a las que pertenecen CGE, ESSEL, Telefónica y otras similares, son suficientes para barruntar que lo comentado en estas líneas también ocurre en la Sexta Región.
Hoy, Chile es el país más caro de Sudamérica. No se requiere recurrir a cifras oficiales para aventurar esa opinión, pues basta escuchar los comentarios expresados por los turistas extranjeros que avalan lo anterior. Y nuestros sueldos son, además, exiguos. La brecha económica aumenta cada día como el agujero en la capa de ozono. Algunas empresas muestran inclinación a incrementar las diferencias económicas y para ello cuentan con el visto bueno, pusilánime y entreguista, de las autoridades democráticamente elegidas….pero elegidas para privilegiar el bien común y no las arcas de unos pocos.