Nº 105 ,DEL 29 ENERO al 03 FEBRERO DE 2007
"Seguimos con nuestro corazón en el mismo lugar de siempre.
En Chile y Rancagua. En la democracia, en la justicia plena, en la solidaridad y en el respeto pleno a los derechos humanos".

AGOTADOS LOS REMEDIOS CONTRA LA COLITIS. VARIOS CON COLITIS GRAVE ANTE LOS ANUNCIOS DE CAMBIOS EN EL GABINETE REGIONAL

A MODO DE EDITORIAL
Rafael Luis Gumucio Rivas
En lenguaje cristiano, querría decir amar al prójimo como a ti mismo. Thomas Hobbes separó la religión de la política, por consiguiente, “homo homini lupus est” (el hombre para el hombre es un lobo) que, a mi modo de ver, es la más franca manifestación del egoísmo universal. Para evitar que los seres humanos se comieran entre sí, era necesario la existencia del demonio Leviatán, es decir, la coerción del Estado. Estas cortas líneas me sirven para ubicar las declaraciones del presidente del Senado, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, al referirse a la verdad evidente del asesinato de su padre, el ex presidente Eduardo Frei Montalva, comandado por los funcionarios del tirano Augusto Pinochet. Me pregunto: qué otra cosa hacen los dictadores si no mandar a matar a quienes consideran peligrosos para sus intereses. Siempre han sido ellos o el caos. El ex presidente, arrepentido de sus antiguos devaneos dictatoriales, (léase la carta a Mariano Rumor), se transformó, en 1980, en el líder de los luchadores contra la dictadura. Ahí mismo, en el Teatro Caupolicán, firmó su sentencia de muerte.
Ponerse en la piel del otro es un mínimo acto de humanidad que, en sicología, se llama empatía; un acto superior sería la simpatía o la compasión – padecer la desgracia con el otro -. Hay momentos en que la política, hoy un tanto banal y mediocre, se transforma en tragedia: un magnicidio, casi único en la historia nacional, no puede ser otra cosa. Carmen Frei, a quien admiro por su valentía nunca cejó, al igual que Antígona, en acusar a los asesinos de su padre. Esta conducta no se condice con la actitud del ex presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, quien se negó a recibir, durante todo su mandato, a las directivas de los familiares de detenidos desaparecidos del régimen de Pinochet. Nunca podré olvidar que Frei Ruiz-Tagle y su ministro del Interior, José Miguel Insulza, salvaron al hoy difunto tirano, de la justa condena internacional, pues era bien sabido que, en Chile, no iba a ser nunca sentenciado, tal cual ocurrió. Hay momentos, como diría Aristóteles, que la virtud se convierte en vicio; prefiero mil veces la memoria histórica a la excesiva prudencia.
Siempre entendí la política como una rama de la ética, razón por la cual soy actualmente un desadaptado respecto a la política como técnica de poder y un rápido camino para enriquecerse sin mucho esfuerzo. He seleccionado algunas frases del presidente del Senado, publicadas en el diario derechista La Segunda, citadas entre comillas; entiendo que fueron pronunciadas literalmente. Cito: “...esta situación se parece a lo que les ocurrió a las víctimas de violaciones a los derechos humanos”...”Silencio de las instituciones”; (digo yo: no nos transmitió, permanentemente, el profesor Lagos, que las instituciones funcionaban a la perfección?). “...se ha tratado de presentar la investigación como un capricho de familia”. (Digo yo: la dictadura no hablaba de presuntos detenidos desaparecidos?). “...se ha tratado de reducirlo a operaciones políticas, tal como antes se decía que la defensa de los derechos humanos eran maniobras del marxismo internacional” Al respecto, Frei Ruiz-Tagle protestó señalando que “se ha recurrido incluso a la bajeza de sostener que esta investigación forma parte de una operación de relanzamiento político de mi persona”
“En suma, hemos encontrado las mismas dificultades que han experimentado todos los que vieron violados sus derechos humanos: un manto de silencio, poderosas fuerzas moviéndose en las sombras, caricaturas y descalificaciones... Frente a ello exigimos la verdad”, termina diciendo el presidente del Senado. Lo que han pedido, durante años, los familiares de detenidos desaparecidos: verdad, justicia y castigo a los culpables y no la estulticia de la reconciliación entre verdugos y víctimas. Si la verdad tiene su hora, también debe sonar para todas las víctimas de la dictadura.
Si hay algo que me desagrada de la Concertación es su mezquindad en el tema de los derechos humanos: tanto la Comisión Verdad y reconciliación, como Prisión política y tortura, se han negado a dar a conocer los nombres de torturadores y asesinos, generado por pactos con la derecha, amante y viuda fiel del dictador, hecho ocurrido entre gallos y media noche. Como los antiguos farreros de comienzos del siglo XX, la Concertación ha dilapidado la indudable herencia de superioridad moral, sobre la pacata y tiránica derecha. Hoy están pagando la pena de tanta fiesta entre ahorcados y verdugos.