Mario Márquez
Desde el 13 de octubre del año pasado, junto a la familia Almonacid y a raíz del fallo del Corte Interamericana de Derechos Humanos relativo al homicidio de don Luís Almonacid Arellano, hemos venido recibiendo reconocimientos y homenajes diversos, los que hemos aceptado con humildad, no por que estemos convencidos de su merecimiento, sino por venir de quienes venían, a saber, gente ligada a la defensa de los derechos humanos y a la lucha por la democracia.
En esta ocasión han sido los “vagos de la plaza” quienes me han designado como el hombre del año, título por lo demás inmerecido, pero que aceptamos gustosos y nuevamente con la mayor de las modestias, por venir también de gente ligada al mundo de los derechos humanos.
El fallo citado ha sido objeto de comentarios provenientes del mundo político, del mundo académico y del mundo jurídico. De hecho la Corte Suprema ha sacado a la fecha, por lo menos un fallo dejando sin efecto la aplicación de la ley de amnistía y la prescripción, teniendo especialmente presente lo dictaminado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el denominado “caso Almonacid”.
En todo caso, no es mi intención caer en la auto referencia. Por el contrario, lo que deseo en esta ocasión es reconocer y agradecer el aporte de algunas personas que en el curso de los treinta y tres años transcurridos desde del asesinato de don Luis Almonacid, hemos venido recibiendo anónimamente y que a la hora del balance han resultado cruciales para la dictación del fallo internacional ya señalado. Sabemos que cometemos una injusticia porque no mencionaremos a varios, pero lo asumimos, en aras del tiempo y del espacio.
Puede que el nombre de Hernán Matus Valencia para muchos resulte desconocido. Pues bien, él era el Fiscal Judicial de la Corte de Apelaciones de Rancagua cuando la causa empezó a ventilarse en los tribunales locales. Como Fiscal y por tanto, en su condición de representante de los intereses de la sociedad, don Hernán dio una lucha denodada para mantener la causa vigente y evitar su cierre o sobreseimiento. Desde luego en dictadura no se podía aspirar a más y así entonces, se logró al menos que la causa no se cerrara y finalmente, gracias a ello, logramos que se sometiera a proceso al autor material del homicidio. Siendo un jurista de excelencia, en el año 1992 Hernán Matus forma parte de una quina para ser Ministro de la Corte Suprema, pero finalmente el Presidente de la época no lo designa. Así y con el pago de Chile, concluyó la carrera judicial de don Hernán.
No conozco a los abogados Andrés Culagovsky y Marie Claude Plummer. Lo cierto es que cuando preparaba el alegato a realizar en Brasilia, llegó a mis manos la memoria de prueba de los abogados mencionados, quienes abordaban a plenitud y desde la perspectiva del Derecho Nacional e Internacional, el tema de la amnistía. Su aporte fue básico al momento de presentar mis alegaciones ante la Corte interamericana. Espero algún día conocer a estos colegas y agradecerles personalmente su significativa colaboración.
Manuel Castro Osorio, Sargento de Carabineros ya fallecido, Concejal por la comuna de El Olivar por Renovación Nacional. Era el segundo en la línea de mando de la patrulla que detuvo a Luis Almonacid. Sucede que por años Carabineros negó la intervención de personal de su dependencia en el homicidio indicado. Después de 20 años el sargento Castro se presenta ante los tribunales y cuenta la verdad de los hechos. Aunque para muchos dicho testimonio fue tardío, lo cierto es sin él no habríamos logrado el procesamiento de Raúl Neveux, autor material del homicidio y ello tampoco habríamos podido llevar nuestra causa a instancias internacionales.
Hasta aquí las líneas de reconocimiento para nuestros colaboradores.
Elvira Gómez Olivares, viuda de Luis Almonacid, en septiembre de 1973 presencia la detención y asesinato de marido. Ello obviamente es de por sí, una experiencia dura y que nadie quisiera vivir. Pero, como si fuera poco, eso no era todo; en ese momento Elvira Gómez, se encontraba en el octavo mes de embarazo de su cuarto hijo, el que perdió a consecuencia de lo duro de la experiencia vivida.
En una situación así, cualquiera orientaría su dolor hacia el odio, Elvira, en cambio, educa a sus tres hijos en la cultura del amor y no del odio, pero también en la cultura de la justicia y no de la venganza. Desde el mismo septiembre de 1973, Elvira empieza su lucha, aún no concluida, por obtener justicia para su marido. Se para con una dignidad pocas veces vista, en la Corte Interamericana y relata su experiencia, sin victimizarse ni recurrir a la compasión para convencer a los jueces, al punto que después de escucharla no me cupo duda que en ese momento empezábamos a ganar.
Luis Almonacid Arellano, oriundo de Paillaco. Ingresa en el año 1956 a la Escuela Normal de Valdivia, año en el también ingresa a las Juventudes Comunistas. Recibido su título profesional se traslada a Rancagua, donde a poco andar se transforma en un indiscutido líder gremial y político. En tal calidad postula, en representación de su partido, al cargo de Regidor por Rancagua, siendo a la par Presidente del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación y Secretario Provincial de la CUT. Consumado el golpe militar es buscado intensamente por las fuerzas represoras, siendo su casa allanada en forma reiterada en busca de armas, en circunstancias que al decir de su cónyuge Elvira, las únicas armas que tenía eran sus libros.
Los héroes de nuestra historia son Luís Almonacid y su cónyuge Elvira Gómez. Pero el hombre del año, del siglo y de la historia se llamará por siempre Luis Almonacid Arellano. El dio su vida por sus ideales, sacrificando el mayor bien que Dios nos entrega: la vida.
Algún día no se hablará más de Mario Márquez y probablemente tampoco de Elvira, su señora. Sin embargo en los taxis colectivos seguirá escrito el nombre de la Villa Luis Almonacid y en los tribunales superiores y en las cátedras universitarias se seguirá hablando del “caso Almonacid”.
Como para darle la razón a Ernesto Cardenal, autor del poema que figura como epitafio en la tumba de don Luis:
“Creyeron que te mataban con una orden de fuego/ creyeron que te enterraban/ y lo que hacían/ era plantar una semilla.”

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