Nº 102 ,DEL 08 al 14 ENERO DE 2007
"Seguimos con nuestro corazón en el mismo lugar de siempre.
En Chile y Rancagua. En la democracia, en la justicia plena, en la solidaridad y en el respeto pleno a los derechos humanos".

No seria bueno que alguna vez le tocara al pueblo, y entre Insulza y Longueira hicieran un acuerdo, de limpiar todos los DICOM, de las personas que quedaron sin trabajo y no por culpa de ellos sino por el mal manejo del país, si ellos se taparon por que no a nosotros " Aportado por AGENTE

A MODO DE EDITORIAL
LA PRENSA QUE NO CALLÓ
Juan Pablo Cárdenas
Cuesta mucho entender que una dictadura acepte el desarrollo de medios de comunicación disidentes. Uno de las primeras disposiciones de la Junta Militar fue clausurar diarios, radios y revistas, tomar control estricto de la televisión y aplicar censura previa al quehacer periodístico autorizado. El bloqueo informativo recién empezó a ser vulnerado 4 ó 5 años después del Golpe Militar, con la irrupción de algunas revistas y radioemisoras que fueron siempre agredidas por la autoridad y cuya bella y particular historia habla de derroteros múltiples para subsistir, soportar el acoso y hacerse imprescindibles en la lucha contra la opresión y el desarrollo de la movilización social que forzaría la derrota del autoritarismo.
Uno de los civiles vinculados al pinochetismo me confesó una vez que el Régimen Militar jamás temió al desarrollo de estas modestas publicaciones, habida conciencia de que todos los canales de TV, la mayoría de las radios y la gran prensa le eran completamente serviles. En las Naciones Unidas, incluso un diplomático se permitió exhibir un ejemplar de la revista Análisis en su vano afán de defender la idea de que en Chile reinaba el respeto por la libertad de expresión.
Sin embargo, todo cambiaría a partir de la llamada Consulta Nacional de 1980 y la evaluación que la Dictadura hiciera sobre la influencia de estos medios en las protestas y la unidad política y social del pueblo. Efectivamente, lo que vino fue todo un itinerario de persecuciones ante los tribunales civiles y militares abyectos, prolongadas clausuras en virtud del Estado de Sitio, la persecución inclemente a los periodistas y sus familiares, como el horrendo homicidio del periodista y dirigente gremial José Carrasco Tapia. Muy de paso, digamos que el hostigamiento a la prensa sirvió para que diarios y revistas disidentes concitaran la solidaridad internacional, aumentaran explosivamente sus tirajes y consolidaran la más estrecha y efectiva vinculación con los chilenos y organizaciones disidentes de todo el país y el exilio. De allí, se hizo imposible el afán de la Dictadura por silenciar al periodismo libre; por el contrario, lo que vino fue el desarrollo de otros múltiples canales de expresión estudiantiles, culturales y sindicales, así como la inmediata presencia de medios clandestinos cada vez que se impuso oficialmente la clausura.
Además de estimular el levantamiento popular, la prensa clandestina, como la disidente, tienen el mérito de haber registrado prácticamente todos los horrores de la Dictadura. En este sentido, la investigación periodística y el trabajo de los abogados de Derechos Humanos contribuyen hasta hoy en el esclarecimiento de los crímenes y el castigo moral y punitivo a los culpables. Además, los periodistas estamos ciertos que nuestra oportuna denuncia desbarató e inhibió otras operaciones del terrorismo de estado y ayudó a que se salvaran vidas y cesara la tortura como la cárcel para muchos detenidos. Sanguinarias acciones como las de la Caravana de la Muerte , la de Corpus Christi, el Triple Degollamiento de Guerrero, Nattino y Parada fueron descubiertas por estos medios y resueltas por el periodismo mucho antes que por los tribunales. Asimismo, el periodismo libre registró todas las operaciones fraudulentas de privatización y agresión a los trabajadores, así como el enriquecimiento ilícito del Dictador, a excepción de un descubrimiento posterior: sus millonarias cuentas en bancos extranjeros.
Pero lo que más ha costado entender es porqué estos medios que se levantaron y sostuvieron bajo la Dictadura murieran con la Transición. Sin embargo, a 16 años de iniciada la recuperación democrática es claro que el primer gobierno concertacionista (contrario a lo que predicó) efectivamente se impuso del exterminio de estos medios disidentes. Política que esencialmente consistió en bloquearles al inicio la ayuda externa, segregarlos de la publicidad estatal y, cuando fue necesario, adquirirlos con recursos de los gastos reservados y otras consabidas“malas artes” para proceder a su clausura. Estrategia comunicacional que se explica en otra evaluación que las nuevas autoridades hicieran: estos medios y sus periodistas derivarían en hostiles vigías de una transición que haría “justicia sólo en la medida de lo posible”, que sacralizaría el modelo económico de inequidad y reduciría el “servicio público” al juego cupular. Preferible fue emprender, entonces, una “política de seducción” a los medios que fueron cómplices e incondicionales a la Dictadura , para garantizarse una oposición discreta y que se tomara muchos años en difundir las aberraciones del presente.

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