Arturo Alejandro Muñoz – desde Coltauco
CUENTA LA LEYENDA que una tarde de domingo, en pleno Palacio de los Zares, en Rusia, el gran pianista polaco Federico Chopin deleitaba a la familia real junto a decenas de invitados con un magnífico recital de piano. En medio del evento, el Zar inclinó su cuerpo y comenzó a susurrar algo en el oído de la Zarina provocando una distracción notoria en la audiencia. El pianista extendió las manos alzando la voz con evidente molestia. “Cuando Chopin toca el piano, hasta el Zar de Rusia debe guardar silencio”, expresó el artista inmortal. El Zar se disculpó y el concierto retomó su cace normal. Chopin, pese a su arte indiscutible, se consideraba parte activa del pueblo polaco, por lo que su acto de enfado fue una llamada de atención al Zar, demostrándole que si era el pueblo quien actuaba, debía cerrar la boca y escuchar sus demandas.
Mil quinientos años antes que lo anterior ocurriera, en la Roma Clásica, patricios, senadores y tribunos aseguraban que ‘vox populis, vox Deis’…la voz del pueblo es la voz de Dios. Claro que esa ‘voz popular’ alcanzaba importancia para los poderosos sólo cuando ella resultaba conveniente a sus intereses.
En nuestro país, durante décadas, las murallas se constituyeron en el ‘diario del pueblo’, y manos anónimas (otras no tanto) pintaron en los muros citadinos mil frases, demandas y acusaciones. Hoy el asunto ha variado. Merced a la Internet cualquiera puede expresar su disgusto, su opinión o su propuesta, enviándolas al mundo global omitiendo incluso la identidad del autor. Son los ‘grafitis’ de la masa anónima, esa que paga impuestos, consume, vota, decide y exige. Cerrar los oídos a las expresiones populares es el camino más equivocado que gustan recorrer políticos y autoridades, prefiriendo destacar sólo la parte festiva, irónica o lúdica que cada grafiti posee, como forma de minimizarlo.
He recibido algunos correos electrónicos cargados de frases cuyos orígenes y autorías me son desconocidas, no obstante están impregnadas del sentimiento que actualmente recorre el ánimo de millones de ciudadanos. Me he permitido escoger aquellas que me parecen –además de graciosas e irreverentes- dignas de ser destacadas.

* Estaremos siempre al lado del gobierno…porque si vamos adelante nos afila, y si vamos atrás nos caga.

* En Chile tenemos los mejores parlamentarios que el dinero puede comprar.

* La deuda que tenemos los chilenos no es externa…es eterna.

* Algunos nacen con suerte, otros nacen en Chile.

* Prohibido robar, el gobierno no admite competencia.

* ¡¡Las putas al poder!!, porque con sus hijos no nos ha ido muy bien.

* Si quiere que su hijo tenga un futuro cómodo, con pega fácil además de casa, vestuario y comida gratis…ayúdelo para que sea cura o milico.

* El alcohol mata al minero, pero el minero no le teme a la muerte.

* El cobre es chileno, pero sigue hablando en inglés.

* La justicia no es tan ciega, porque ante los uniformes se saca la venda y se baja los churrines.

* Para el poderoso es más barato corromper a un magistrado que contratar a un abogado.

* El dinero no compra un gobierno, pero puede alquilarlo.

* Las personas que no se interesan en la política desconocen que sus vidas son manejadas y explotadas por aquellos que sí se interesan.

* El Paskín es una mierda porque publica verdades que huelen feo.

* Cuando el ladrón roba en la calle, es un delincuente; cuando roba desde la oficina de una institución pública, es una autoridad.

Luego de leer los correos recibidos en mi computadora, se torna fácil entender la desesperada indignación que sacude a algunos importantes personajes públicos, los cuales muerden sus uñas ante la imposibilidad de poner coto a las opiniones que circulan libremente por la red. La de Internet, querámoslo o no, es una democracia informativa y de libre expresión que cada día adquiere mayor número de cibernautas a nivel global, pero también puede alcanzar ribetes insospechados que atentan derechamente contra el sistema establecido (‘establecido’ a contra pelo de las mayorías y sin su visto bueno).
Termino este artículo insistiendo que los ‘grafitis’ anteriores no pertenecen a mi creatividad ni responsabilidad. Es el pueblo quien habla a través de la Internet…y como ya dije líneas arriba: ‘vox populis, vox Dei’.