Arturo Alejandro Muñoz
Desde Coltauco

AHORA QUE CHILE entero habla del ‘neoliberalismo’ como si se tratase de una nueva e ingeniosa escuela económica, es el momento de aclarar algunas cuestiones al respecto…cuestiones que, por cierto, muchos de nuestros ‘honorables’ parlamentarios y aún más eméritos políticos de todas las layas y colores deben –seguramente- desconocer completamente.
Partamos estas líneas diciendo que el ‘neoliberalismo’ es un término político utilizado por intelectuales, creadores de opinión y medios de comunicación. No existe ninguna escuela económica llamada ‘neoliberal’, ni tampoco ninguna teoría económica que describa la Economía desde el punto de vista neoliberal. ¿Cómo nació este intríngulis que ha dado tanto rédito a los poderosos de siempre, esta vez protegidos por políticos paniaguados y chuchumecos que son expertos en engatusar a la población? Revisemos la Historia…..
Poco antes de la Segunda Guerra Mundial, la política económica LIBERAL (liberalismo) mostraba un fracaso evidente en la mayoría de las naciones del planeta. La severa crisis de los años 30 puso en jaque a la corriente librecambista en casi todas las naciones occidentales. La Unión Soviética, merced al gobierno comunista que mantenía una economía centralizada, fue quien menos daños experimentó. Por su parte, las burguesías propietarias de Italia y Alemania vieron en el fascismo y en el nazismo una buena alternativa para mantener sus privilegios y negocios, ya que si fascistas y nazis eran intervencionistas, se manifestaron siempre pro-capitalistas y apostaban férreamente a la división de las clases sociales. El delgado y débil equilibrio de fuerzas entre los dos bloques antagónicos –fascismo y comunismo- se vino finalmente abajo al estallar la guerra mundial.
Terminado el conflicto bélico, la URSS se hizo cargo de la mitad de Alemania y comenzó a surgir en Occidente la idea de oponerse clara y visceralmente a la planificación económica centralizada proveniente de Moscú. Comenzó la Guerra Fría, pero en ella, a los países industrializados de Occidente les resultó insuficiente el liberalismo para detener el avance de la ideología comunista.
Es en Austria donde los antiguos economistas y políticos liberales encuentran una salida al problema. De hecho, es el liberalismo austriaco de nuevo cuño el que será conocido de ahí en más como ‘neoliberalismo’ (‘neo’: nuevo). De inmediato, en Estados Unidos (con una bonanza espléndida luego de la guerra) el liberalismo recuperó el prestigio perdido entre ambas guerras mundiales. En los años cuarenta comienza a construirse políticamente el neoliberalismo gracias a los aportes ideológicos de importantes economistas, como Friedrich Hayek y Milton Friedman, partidarios de las escuelas Austriaca y de Chicago, respectivamente, revitalizando la ideología liberal con nuevos ingredientes para luchar contra el comunismo.
El neoliberalismo logra por fin expresarse completamente a partir de la gran crisis de los años setenta (debido al petróleo). A partir de ese momento una nueva frase ocupó las mentes de economistas y políticos: “el Estado es el problema, no la solución”. Durante esa misma década Estados Unidos abortará trágicamente los intentos transformadores de Chile promoviendo el golpe de estado el año 1973. Henry Kissinger, principal asesor del presidente Richard Nixon, dijo: “no podemos dejar que Chile se vuelva marxista porque su pueblo sea irresponsable”. Luego, con la llegada de Ronald Reagan y Margaret Thatcher al poder en EEUU e Inglaterra, comenzó el ataque final a la Unión Soviética y a sus países satélites con el firme propósito de imponer la idea del neoliberalismo en toda Europa.
No será hasta la década de los 90, una vez desmantelada la URSS, que esta ideología alcance su máxima expansión, ya que, además, los gobiernos socialdemócratas europeos sufrían retrocesos evidentes en el estado de bienestar de sus pueblos una vez que la amenaza comunista había desaparecido. Finalmente, el siglo XXI nació con lo que muchos analistas de mercado llamaron ‘Nueva Economía’. Para los sociólogos se llamó ‘Globalización’, debido a la irrupción de nuevas tecnologías de la información, como la telefonía móvil, la Internet, el cable, etc., que permitían mantener perfectamente comunicados a todos los rincones del planeta.
¿Por qué, rigurosamente hablando, el neoliberalismo es defendido a ultranza por políticos y empresarios de mil pelajes? Porque ahora es más fácil maquillar cuentas, ocultar pérdidas y estructurar una ingeniería fiscal para vender falsos beneficios a accionistas nuevos (inexpertos e impulsivos). También es más fácil hoy día evadir impuestos y ocultar capitales en paraísos fiscales como Islas Caymán, Islas Vírgenes, Argentina y otros. Con el neoliberalismo surgen empresas que realizan negocios enteramente por la red; son las empresas punto com, cuyas salidas a la Bolsa
resultan muchas veces espectaculares -a pesar de sus grandes pérdidas- basándose en la promesa de beneficios futuros.
La globalización (o el neoliberalismo, como usted prefiera llamar a este fenómeno político) afecta al mundo en todos los niveles. ¿Y cómo no, si desde las trincheras más duras de los liberales se afirma que los derechos humanos deben venir al último, después que la sociedad entre en el libre mercado y que por lo tanto no es necesario adoptar medidas que coarten la absoluta libertad empresarial?
Mediante esas opiniones –compartidas e implementadas incluso por antiguos ‘izquierdistas’ que ahora se reconvirtieron a la nueva fe- en países como Chile se instauraron políticas macroeconómicas recomendadas por teóricos e ideólogos neoliberales, quienes aseguran muy campantes y orondos que las leyes de los países deben plegarse al mercado, y no al revés. Para ello proponen políticas abiertamente perjudiciales para las poblaciones de los países en desarrollo, pero a todas luces expoliadoras del medio ambiente y lucrativas para los dueños del capital transnacional. Entre ellas, podemos destacar las siguientes:
Políticas monetarias restrictivas: aumentar tasas de interés o reducir la oferta de dinero, postulando que así se controla la inflación (pero se inhibe el crecimiento económico y se perpetúa el nivel de deuda interna y externa).
Políticas fiscales restrictivas: aumentar los impuestos al consumo y reducir los impuestos a la producción y a la renta; a la vez que disminuir el gasto público.
Liberalización: tanto para el comercio como para las inversiones (pero ello –el abaratamiento de algunos bienes y servicios- se logra a costa del abaratamiento de los ingresos de amplios sectores de la población).
Privatización: el neoliberalismo asegura a ciencia cierta que los agentes privados son más productivos y eficientes que los agentes públicos, y que por lo tanto el Estado debe adelgazarse para ser más eficiente y permitir que el sector privado sea el único generador de riqueza.
Desregulación: se considera que demasiadas reglas y leyes inhiben la actividad económica, por lo que deben ser reducidas a su mínima expresión. Entre esa severa disminución se encuentra, por ejemplo, la legislación laboral y la sindicalización de los trabajadores.

En suma, el ‘neoliberalismo’ no existe como teoría ni escuela económica; se trata simplemente de una criatura parida por políticos, empresarios e ideólogos liberales que buscaron la fórmula exitosa para aprovechar al máximo las coyunturas históricas luego de la caída de los socialismos reales en el planeta. Esta acción fue impulsada por la Organización Mundial de Comercio y por el Fondo Monetario Internacional, exponiendo como economía-modelo a la estadounidense. En Latinoamérica esas políticas suelen identificarse con el nombre de ‘Consenso de Washington’, término acuñado el año 1989 por el economista John Williamson cuando instó a los países en desarrollo a seguir las políticas monetarias y fiscales recomendadas por los organismos de Washington.
Con el neoliberalismo actuando tal cual acción política, en los países en desarrollo se ha producido una acentuada polarización (o brecha) entre ricos y pobres, lo que trae como consecuencia una explotación de mano de obra barata. Hay también un condicionamiento conductual al utilizarse sentimientos de ultra pertenencia, enajenando a las personas e incitándolas al consumo excesivo, lo que ha provocado una alta tasa de suicidios, obesidad, bulimia y anorexia.
Por el mismo concepto anterior, los objetivos de vida de la gente se enfocan hacia la recolección de bienes. Se logra que la población muestre escasa crítica al sistema a través de programas de televisión sin contenidos y promoviendo la competencia entre las personas, lo que genera una sociedad incomunicada e hipócrita. Además, hay un daño irreversible al medio ambiente al explotar demencialmente los recursos naturales en beneficio del consumo desenfrenado.
Finalmente, se produce una oculta (pero tangible y cierta) represión a las artes, las letras y la música, ya que el sistema procura que se generen utilidades económicas y no se defiende la actividad misma. Esto trae aparejada una virulenta acción contra la prensa independiente, es decir, contra aquella prensa que el establishment neoliberal no ha logrado conculcar ni administrar.