MAREMOTO EN EL CONSEJO DE SEGURIDAD DE LA ONU; ESTUPILANDIA SE ABSTIENE
Rafael Luis Gumucio Rivas
Nunca hay que despreciar a los pequeños países. No sé si el lector recuerda la película El rugido del ratón, que describe el ejército de un enano país y logra sorprender a Nueva York. Me pregunto por qué los estupidanleses no podrían hacerlo con el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Al parecer, todo el mundo espera el voto de Heraldo Muñoz para decidir el destino del miembro latinoamericano de este desechable Organismo. Estupidinlandia tiene una Cancillería en el un hotel del centro de la capital – claro que no posee la elegancia del palacio de Torre Tagle - pero como a los chilenos no les importa para nada la política internacional y saben de diplomacia menos que de matemática, el hotel Carrera les viene muy bien, pues se creen los fenicios y venecianos del siglo XXI; mientras sigamos firmando tratados de libre comercio y nuestros empresarios se enriquezcan cada vez más, poco importa que los argentinos nos odien, los bolivianos nos presionen por el mar y los peruanos por las millas oceánicas. Estupidilandia no necesita política latinoamericana: qué es eso llamada latinoamericanismo, una antigualla sostenida por Bolívar y Bilbao? Sólo nos interesa “money, money, money”.
Los estupidanleses padecen del doble complejo –superioridad e inferioridad -: a veces los héroes de la patria, el senador Coloma y el negro Romero, además del diputado Tarud, agitan los tambores guerreros contra los poderosos vecinos de allende los Andes; en otras ocasiones se lamentan de nuestra pequeñez e inferioridad económica. Todos ellos, en fondo, adoran a George W. Bush y peroran contra Hugo Rafael Chávez, son unos reaccionarios de tomo y lomo.
En los anales de Estupidilandia hay una página gloriosa destinada al rey Ricardo Lagos I, quien se negó a apoyar a Bush y a Tony Blair en el Consejo de Seguridad de la ONU cuando estos pidieron, “de rodillas”, su apoyo.
No comprendo por qué a los estupidanleses les gusta tanto los organismos internacionales, incluso se jugaron para que Tobi Insulza presidiera la OEA, que sólo le ha servido para catapultarlo como candidato presidencial de nuestro país. La ONU, hoy por hoy, es equivalente al circo Chamorro: en su Asamblea General, el tony ruso Nikita se saca los zapatos y golpea la mesa; Hugo Rafael Chávez se da el lujo de santiguarse y hacer exorcismos; el embajador de Corea del Norte les muestra el trasero a los miembros del Consejo de Seguridad; Álvaro Uribe lloriquea para que le envíen más tropas norteamericanas para llevar a cabo el “plan Colombia” y presidentes de países bananeros siguen pidiendo limosna al rico Tío Sam.
Si antiguamente el Consejo de Seguridad tuvo alguna dignidad, hoy es una niña violada por sus miembros con derecho a veto. George W. Bush y Tony Blair se limpiaron el trasero con el veto de Rusia, Alemania y Francia frente a la invasión a Irak. El representante latinoamericano es más inútil que un condon en manos de un inexperto jovenzuelo. Quién sabe qué hizo Argentina u otros países favorecidos durante el período en que fueron miembros del Consejo de Seguridad; por lo demás, qué importan los discursos cuando, al final, el genocida Bush hace lo que quiere.
Por qué será que Estados Unidos le teme a Venezuela? No es la primera vez que un presidente norteamericano ha sido ridiculizado en la Asamblea General de la ONU, pero Bush es tan débil y retardado mental que por una parte, no teme masacrar al pueblo iraki y, por otra, se aterra ante la burla del presidente de Venezuela.
En Estupidilandia, el dueño del poder es el partido de los niños del Corazón de Jesús, que lo preside una chica un tanto mañosa, llamada Chol, casada con el jefe de la Democracia Cristiana en América Latina, la ODCA, el maquinista Gutenberg Martínez. Es que los niños del Corazón de Jesús aspirar a que el corrupto COPEI, la Democracia Cristiana venezolana, recupere el poder y así vuelva la excrecente casta política venezolana. Con qué ropa, si el pobre Rafael Caldera, líder y fundador de COPEI, tuvo que renunciar a su Partido por el inaceptable grado de corrupción a que había llegado. La Chol domina a mamita Bachelet a punta de pataletas, propias de una niña mimada, sin darse cuenta que su Partido va directo al despeñadero, al igual que su par venezolano. Cada vez que no le gusta un proyecto presentado por los socialistas amenaza con irse a la casa de su mamá Sebastiana Piñera; si la chica de rojo Bachelet hubiera votado por Venezuela, es seguro que la parejita Gute-Chol hubieran armado la “casa de Irene”, amenazando con destruir la pegada con moco Concertación.
La Presidenta, interpretando perfectamente la cobardía e hipocresía estupidanlesa, tomó el mejor y más fácil camino, la abstención, que deja muy contentos a los derechistas y patrioteros y, sobre todo, a los inefables apitutados demócrata cristianos. Lo único que da claro es que Chile no tiene política latinoamericana y que perfectamente podríamos suprimir el Ministerio de Relaciones Exteriores y fusionarlo con el de Hacienda. No en vano Chile es la patria de los que le sacan el poto a la jeringa.

EL LOBO FEROZ GUTEMBERG SE COMIÓ A LA CAPERUCITA ROJA MICHELLE
Rafael Luis Gumucio Rivas
Están de moda las relaciones eróticas entre los personajes de Disney: dicen que la pata Daisy anda arrancando de la lascivia de Donald. Caperucita roja Bachellet estaba muy entusiasmada con el milico Hugo Rafael Chávez, aun cuando era un poco roto el llanero, tenía gestos que embelesaban a nuestra Dama, pues en cada encuentro la besuqueaba, la toqueteaba y le regalaba pomadas elaboradas a base de petróleo, muy buenas para el cutis; además, ambos tórtolos admiraban a Salvador Allende y eran un poco rogelios.
El lobo feroz no podía soportar esta inclinación amorosa por Hugo Rafael a nuestra Presidenta. Gutenberg tenía sus motivos para odiar al llanero de Barinas, pues fue el culpable del derrumbe del partido COPEI, (Democracia Cristiana venezolana) cuyo líder, Rafael Caldera era tan importante como Eduardo Frei Montalva. Martínez amenazó a Caperucita con “un antes y un después” si votaba por Venezuela. Michelle Bachelet que, hoy por hoy, es una prisionera de la Democracia Cristiana, no tenía otra salida que dejarse comer por el lobo, disfrazado de abuelita Chol y adoptar la más anodina de las decisiones: abstenerse. No puede extrañarme tan torpe opción, pues Chile nunca ha tenida política latinoamericana y la Cancillería es más inútil que la continencia periódica para evitar la natalidad.
La oposición está feliz: con razón el Cristo de Palo, Pablo Longueira, propone defenetrar al fome de Alejandro Foxley y colocar al lobo feroz del Guenberg Martínez en el Ministerio de Relaciones Exteriores. El único que entiende la genialidad de las dudas de la Presidenta, que se prolongan hasta el último minuto para resolver cualquier problema, es el embajador Heraldo Muñoz que, trasnochado de tanto repetir la estúpida abstención, sostiene que la Presidenta fue la única capaz de prever la bochornosa situación de América Latina, que ya lleva diez votaciones sin poder resolver su representante que, por lo demás, no tiene mayor importancia, pues carece de veto - sólo puede perorar sin decidir- por lo demás, Estados Unidos se limpia el trasero con la ONU. Me pregunto qué hubiera pasado si el mariscal Sucre, dominado por las dudas, se hubiera abstenido de enfrentar a los españoles en la batalla de Ayacucho. A lo mejor, el método hamletsco de Michelle es el mejor camino para la unidad de América Latina. ¡Señor, dame tu fortaleza!