Hace algunos días atrás Edison Ortiz organizó una actividad, estaba presente la diputada Isabel Allende, en que se recordaba el legado de Allende y su relación con el cobre.
Noble actividad, pero ensuciada por la presencia bastarda de los pinganillas y pelafustanes de la política local.
Sin que nadie entendiera nada los oradores eran nuestro alcalde Arellano y el diputadillo Valenzuela VT. Los dos, se dirigieron a la concurrencia; qué insulto a la consecuencia, qué falta de coherencia de quienes organizaron la actividad, qué atropello a la dignidad de la diputada y de la memoria del Presidente mártir.
Ambos, en sus vanas y hueca palabrería plantearon que no había que olvidar el "legado" de Allende con el desparpajo insolente de quienes se creen que la concurrencia comulga con ruedas de carreta y que el manto del olvido se despliega sobre todas sus acciones que no tienen nada que ver con la herencia de Allende ya que siempre, están más interesados en su propio bienestar el que anteponen al de quienes dicen representar.
Por cierto, Valenzuela VT y Arellano no son los únicos que se han alejado de ese legado y han, hasta la fecha, clausurado "el paso del hombre libre hacia las anchas alamedas".
Siempre he pensado que la transición a la democracia realizada por los derrotados y golpeados por el 11 de septiembre se haría de espaldas al pueblo, sin importar sus carencias y tratando de mantener el esquema con el fin de no agraviar a quienes ya selos habían cascado.
De allí la desigualdad ignominiosa de la distribución, la negación del derecho a la salud de los más desposeídos, la esclavitud legal que se logra al otorgar una educación empobrecida a las grandes minorías.
Sin duda, esta cobardía para enfrentar el sistema imperante y avanzar a cambios sustantivos se refleja esa fatídica mañana cuando el Secretario general del PS, Hernán del Canto se presenta ante Allende y le pregunta, demudado, desencajado, qué debía hacerse y él responde, con toda razón, que esa “no es una pregunta que se espera de quienes como ustedes han alardeado tanto sobre lo que iban a hacer…”
"A diferencia de Hernán del Canto o de tantos otros a quienes les faltaron piernas para correr a refugiarse en las embajadas o que se entregaron –sin que les sirviera de mucho- pacíficamente a quienes los requerían, pero también a diferencia de esa generación de caballeros que prefirieron –como sus compadres de la masonería- hacerse los lesos cuando su charlatanería reformista los puso en peligro. Allende se las jugó entera. Tal vez el solo peso de una carrera tan densa y completamente asociada a la redención social no le dejó espacio para otra cosa que no fuera el sacrificio. Tenía demasiado sentido de la escena como para arruinar el entero libreto de su vida como para arruinar el entero libreto de su vida con una huida o rendición inoportuna.
Y por eso, en comparación con su acto final para poner las cosas en orden y cancelar todas las deudas, qué sórdido, qué poca cosa el modo cómo lo heredaron sus herederos, los que huyeron, los arrancados en baúles de autos, los escondidos debajo de las camas, los apitutados y llorones profesionales del megatour izquierdista por el mundo, los descendientes demasiado acomodados y que ahora con sus tibios culitos apotincados en sillones redactan sus personales recuerdos y hablan del caballero para extraerle así su última renta.
Y en el fondo debe dolerles que de todos ellos fuera el único que con tremendo valor tuvo le elegancia de saltarse los sesos".
Hoy, nada podemos esperar de quienes fueron derrotados o representan sus patéticos miedos de que la historia no vuelva a repetirse, tan solo hablan de preservar el legado de Allende. No les interesan las verdaderas transformaciones, tampoco la justicia social. Son solo ellos, su charlatanería y desde sus cómodos asientos, recordar al "hombre", de vez en cuando levantar el puño, por cierto el derecho, y tratar de entonar una vieja melodía que apenas pueden tararear en la que se habla de un mundo mejor para luego dirigirse a sus cómodas mansiones y tratar de olvidar el mal rato con un buen wiskacho.