EN COLTAUCO, TAMBIÉN CACHAN EL MOTE: LLEGÓ CARTA DESDE LA PEQUEÑA CUBA DE MIAMI
Arturo Alejandro Muñoz
Desde Coltauco
Un cubano me escribe desde Miami, seguramente merced a haber leído alguno de mis artículos en diarios electrónicos que, como es sabido, mantienen páginas abiertas a esta aldea global que actualmente es nuestro planeta. ¿Cómo se enteró de mi correo electrónico? El Google permite eso…y más.
En su acápite principal, Williams (es el nombre con el que firmó el envío) asegura que “la democracia no es un bien de mercado ni tampoco un evento consumible a través de la oferta y demanda, sino un simple e importante paradero entre el caos y el bienestar, pero mejor sitio que cualquier aventura totalitaria, sea del color que sea. Por ello, ese sistema debe ser defendido sin titubeos, aun a pesar de los errores que muchos dirigentes cometan, los que merecen ser denunciados, pero siempre teniendo como escenario único la defensa, mantenimiento y mejoramiento de la institucionalidad republicana, no así el festín de opiniones poco o nada fundamentadas que contribuyen a erosionar las bases del sistema mismo”.
Lindas y didácticas palabras, escritas desde Miami, no desde Chile, por alguien que debió abandonar la isla caribeña dado que, seguramente, allí no encontró los elementos políticos, profesionales y de vida que él necesitaba para su desarrollo. Esas opiniones son plenamente válidas y aplicables en un país, nación o lugar donde las instituciones del sistema democrático funcionan preferentemente en beneficio de todos, y no sólo de unos pocos. Independiente de la ideología que cada uno de nosotros pueda profesar, la mayoría estará de acuerdo que en los Estados Unidos la prensa libre existe, funciona y es respetada; así como también allá es un hecho cierto la igualdad de oportunidades, y la capacidad personal (junto al esfuerzo y el ahorro) permite acceder a niveles de vida sustentables. Allá, todo trabajo es digno, remunerado decentemente, respetado por la sociedad en su conjunto y, por último, el estipendio recibido alcanza para satisfacer las necesidades económicas de la familia e incluso permite el ahorro.
Agrega Williams más adelante que le agradó leer y distribuir el artículo sobre Vicente Verdú (“Jaque a la cultura culta”), pues encontró en él todo el material de inicio que le permitirá preparar su clase respecto de ‘la modernidad, Internet y el nuevo estilo pedagógico-cultural’ (supongo que Williams es profesor y dicta aulas –como dicen los brasileños- en algún establecimiento educacional de Florida). Líneas abajo, este amigo cubano se muestra condolido por haber encontrado el artículo de marras en un medio electrónico que, según él, no se caracteriza precisamente por el atinado y correcto uso del lenguaje cervantino. Quizás olvida que muchos medios electrónicos son instrumentos de opinión ciudadana (con todos los aciertos y errores que ello pueda implicar) abiertos a los comentarios, intereses y críticas de los lectores que encuentran libertad absoluta para enviar sus escritos.
No podemos –moralmente no podemos- estandarizar nuestras instituciones, nuestros dirigentes y nuestra realidad, con el escenario que Williams encontró en el sur norteamericano. Acá en Chile, el país todo se halla en la misma calidad que nuestras esperanzas; vale decir, en construcción interminable. Durante algún tiempo nos creímos el cuento de que éramos casi ‘tigres’ en Latinoamérica; pero bastó cruzar la cordillera, observar y disfrutar los adelantos, construcciones, arte, cultura, deporte y espectáculos ofrecidos por países vecinos en la costa atlántica, para comprobar que de ‘tigres’ sólo teníamos las ganas y las rayas. Constatamos que el nivel de vida promedio, en Chile, comparado con el de argentinos, uruguayos, brasileños y venezolanos, sigue en lugares de desmedro a pesar de los pesares….con las lógicas excepciones de las golondrinas que no hacen verano.
El nuestro es el país con la vida más cara del subcontinente. La brecha económica entre ricos y pobres aumenta dolorosamente año atrás año. Las instituciones funcionan en beneficio de los mandantes de la férula y sus asociados, pero esquivan sus cualidades cuando la gente común –el ciudadano de a pie- se ve impelido a recurrir a ellas. Aquí, los trabajadores no han tenido aumentos reales de salarios y sueldos desde hace veinte o más años, pues el estamento empresarial (y el gubernamental también) cree haber cumplido con su responsabilidad al otorgar el mismo porcentaje en que sube el costo de vida cada año. Los niveles de justicia son óptimos para aquellos que pertenecen a las redes del ‘familisterio’ político-económico-mediático, y deprimentes para el resto. Un ejemplo de ello es la forma en que nuestra ‘justicia’ sancionó a Spiniak, tan diferente a como lo hizo con nuestro inolvidable ‘Tranca’ Castillo. Si mencionamos el acceso a la salud, terminaríamos vertiendo lágrimas, así como también lo haríamos si habláramos de ‘igualdad en la educación’, o de la dignidad de las construcciones habitacionales que para los trabajadores edifican las organizaciones estatales como el Serviu. Y si hacemos alusiones al medio ambiente, se nos caería la cara de vergüenza ante nuestros hermanos latinoamericanos, ya que el envenenamiento de ríos, glaciares y valles es autorizado, precisamente, por las instituciones que ‘funcionan’.
Entonces, cuando se descubre un dolo, un ilícito, una corruptela, un gravísimo error político o económico o social ¿qué deberíamos hacer? ¿Callar y ocultar? ¿Mantener silencio en beneficio de una ‘democracia que no es para todos’? Alguien dirá que el camino correcto es denunciar lo anterior a las instituciones….pero aquí no funcionan en beneficio de la verdad y la justicia, sino que lo hacen privilegiando el statu quo donde los poderosos de siempre continúan engrosando sus prebendas. Tampoco sirven para ese objetivo las tiendas políticas, ya que en ellas hemos encontrado únicamente vagas respuestas, nulas acciones y excesivos contubernios en pro del mantenimiento de las actuales estructuras que son deficitarias para la mayoría de la gente.
Ergo, sólo cabe denunciar, hacerlo públicamente y no siempre con el castellano cervantino que a algunos resulta ininteligible porque ya están absorbidos por la fiesta idiomática farandulera que, a ciencia cierta, es conveniente para los amos de ayer y de hoy, que son igualmente quienes la promueven y financian. Pero los poderosos, a la hora de los ‘quiubo’, cuando ese metalenguaje es usado en su contra, despotrican y rasgan vestiduras exigiendo ‘decencia’ en el manejo del lenguaje escrito. ¿Por qué sí ‘esa’ jerga y no siempre el habla culta? Porque todo el pueblo, sin distinción, entiende perfectamente la jerga y aquilata la denuncia. Y ello –que la gente entienda y reflexione-es peligroso para el establishment.

De la Sexta dijo
me gusta más cuando mescribe cosas de la región.
esa es su fortaleza amigo.
10 Septiembre 2006 | 08:25 PM