¿Y SI TODO FUERA CIERTO?
¿Y SI TODO FUERA CIERTO?
Hace tan solo algunos días la opinión pública conoció la sentencia dictada en contra de Spiniak.
El hecho no alcanzó ni siquiera a originar algùn mìnimo debate, olvidándonos por completo de las innumnerables horas de nuestras vidas que le dedicamos tan solo hace algunos años.
Por cierto de los niños violentados, golpeados, defecados y vomitados ya nos hemos olvidado. Si el hecho de que se denunciara de que existían políticos en el pic de la noticia hizo que centráramos nuestra mirada en ese sector y no en el quid del asunto.
Los Vagos de la Plaza hemos querido reflotar una editorial de The Clinik del año 2003.
La frase final es visionaria y profética. ¿Qué lástima por nuestra sociedad?
The Clinic
Editorial de la edición 114, del jueves 16 de octubre de 2003
HAY VECES EN que más que dictar sentencias y sacar conclusiones, conviene reunir los hechos, ordenarlos y desordenarlos, incorporarles los comentarios escuchados, y mantener la perplejidad viva. La perplejidad, la duda, el escozor, el espanto.
Yendo al grano, lo único claro de los acontecimientos pedófilos que últimamente han conmovido al país, es que en ellos están envueltos niños de la calle a los que un poder sombrío y degenerado (dos características que fácilmente se adueñan del poder cuando no está bajo control) les ha terminado de liquidar la vida.
Se dice que en las fiestocas de Spiniak no sólo se sodomizaba a estos menores, sino que a golpes de billete se los obligaba a escupir, a orinar, a defecar y a vomitar encima de aquellos que han descubierto el lujo de la inmundicia. ¿Cómo se llegará a esos gustos? ¿Qué diablos pasará por la cabeza de esos ricos? ¿Qué culpas, qué insatisfacciones, qué taras? Se piensa que varios de los niños que estuvieron ahí bailando la danza macabra de Claudio Spiniak hoy están muertos y, claro, qué más da, si al final de cuentas se trata de mocosos desechables, sin familia que los reclame y desprovistos de toda protección. Perfectamente al revés de Claudio Spiniak y sus amigos parranderos.
Pero Pía Guzmán echó a correr el rumor de que había políticos involucrados: dos de la Alianza y uno de la DC. Y ahí sí que quedó la grande. ¿Qué pasaría si fuera cierto? Los teléfonos empezaron a sonar sin descanso durante ese fin de semana. Todos sabían algo, a nadie le faltaba una buena fuente. Hasta la costurera de la esquina juraba saber algo que el resto no, un dato soplado por cierta clienta importante, una visión nocturna, una deducción genial producto de su capacidad para unir cabos. Los nombres iban y venían entre risas nerviosas y frases como "claro, si es completamente maricón, de hecho yo lo vi." Los congresales se volvieron locos de angustia y la sociedad toda, secretamente, loca de felicidad. Los niños humillados de la calle a los que ese grupo de influyentes sinvergüenzas habían puesto en cuatro patas, pasaron al olvido.
El asunto era saber los nombres de esos señores importantes con facha de caballeros a los que, de ser cierto, se podría apuntar con el dedo. Sospecho que algo de esa morbosa satisfacción radica en el hecho de que así todos los propios pecadillos pasarían a ser nada. Pero la seriedad del problema se fue desvaneciendo.
El placer de ver desplomarse definitivamente a una clase política cada vez más lejana se sobrepuso al hecho de hacer justicia con los violadores.
El gusto de descubrir culpas horribles en un partido extremadamente pacato se tomó la escena. Entre la oposición, por razones básicamente morales, a una ley de divorcio, y la posibilidad de que algunos de los suyos se estuvieran montando menores indefensos y pidiéndoles que los cagaran, que los mearan, que los escupieran y vomitaran, se abría una brecha tan enorme que zanjaría de golpe y para siempre la discusión. ¿Cómo podrían oponerse éticamente a que dos personas cambien de rumbo quienes tenían ese tipo de aficiones? ¡Qué valor de la familia, ni qué nada!
Pero toda la alharaca desatada por la parlamentaria en vez de dar lugar a presiones por la verdad generó una torpe defensa corporativa que sólo ayudó a acrecentar las sospechas.
Más allá de la verdad o falsedad de los nombres que corren, a la opinión pública le ha ido quedando claro que hay gato encerrado. ¿Por qué ha pasado tanto tiempo sin que los videos sean revisados? ¿Por qué a Spiniak lo defiende el abogado estrella de la UDI? ¿Por qué recién ahora cayó cierto carabinero involucrado? En el fondo, el tema se fue enturbiando. ¿Qué irá a pasar mañana? Estamos todos a la espera.
Lo único realmente grave sería que no pasara nada.

lector dijo
Dan escalofríos.
Buen recuerdpo
10 Septiembre 2006 | 08:32 PM