La Coctelera

THE PASKIN, UN DIARIO DELIRANTE Y DE MALA LECHE

Para ponernos de rodilla nos tienen que cortar las piernas

23 Julio 2006

CAPITÁN PESADILLA PITUTEA EN PICHILEMU: LA PLAYA NUDISTA

Como todos los años para vacaciones de invierno Capitán Pesadilla se dirigía por dos semanas a Pichilemu para pitutear como garzón en el Hotel Rex de ese balneario.
Allí estaba cuando se dio cuenta que al lugar se empezaban a dejar caer una gran cantidad de conocidos rostros del magisterio.
Intrigado, Pesadilla, le preguntó a la regenta, la Sra. Adriana, de qué se trataba. Es una Jornada de Educación le espetó la lady.
De partida, a Pesadilla, le llamó la atención lo disímil en cuanto a la vestimenta de los participantes.
Se podían distinguir claramente dos estilos. Unos, encabezados por su presidente, estaban vestidos de pie a cabeza muy formalmente. Las corbatas, chillonas, pero corbatas al fin y al cabo, era la prenda predilecta. Los patos caían asados, pero el Presi., en ningún momento les aceptó que perdieran algo de la formalidad que los caracterizaba. El otro grupo, unos huasos colchagüinos, a lo mejor influenciados por marcosolorza@starmedia.com vestían de diversos colores, medios "alocados” diría algún hocicón. Incluso se vio a un viejo zorro con unos aritos y el pelo claramente entintado. Se dice que estaba pensando en colocarse un piercing.
La reunión se puso algo latera cuando un jefe chiquito y moreno, pero con una labia que ya se quisiera cualquier político se puso a declamar. Pronto, Pesadilla se dio cuenta de que un grupito, previa algunas señales abandonaba el salón. Los líderes eran un parcito que recién venía llegando de España y a toda costa querían contar, acompañados de algunos traguitos, sus experiencias en la madre patria.
La clave para salir del salón y reunirse en una pieza era: “tenemos que implementar el FOGES”
Uno de los contertulios preguntó extrañado por qué no estaba invitado el Jefe Administrativo; si es tan bueno para el hueveo y nos puede entretener mientras trabajamos manifestó. Estay más gil, le contestó el Hermano Jehová, “no vis que nos puede comer todas las minas” ( Alguien dijo, este no es nada de huevón ya que está cuidando a la minita que tiene por esos lares ).

El guatón Canalete, comenzó de inmediato a contar sus aventuras en España. El otro, un huevón fome se puso a leer los resúmenes ejecutivos de las reuniones del Comité central a las cuales él no había asistido.
Canchero como siempre y medio fanfarrón, el Guatón nos dijo que había estado en una playa nudista. A todos se les abrió el hocico y de inmediato dejaron de trabajar en el FOGES y comenzaron a ponerle atención al lindo.
Si, dijo, lo único que quería era ir a una playa nudista y asolearme el poto. Siempre, continuaba, mi fantasía había sido tener el culo tostado y no iba a perder la oportunidad.
Luisito Villavieja y su amigo el Caballo Evangélico soltaron una carcajada. Yo me reía de solo ver a esos dos gallos celebrar el chiste. De reojo miraba al guatón quien medio serio e impávido manifestó: “Es cierto gallos. Pero una cosa es atreverse a llegar a la playa nudista. La otra es ser nudista de verdad.
No es fácil, porque son unos requerios con un poco de arena, nada más . La sorpresa fue que no había camerino para sacarse la ropa. Todo es al aire libre. Pasaron dos viejas desnudas, enfermas de las arrugas. Estaban para la cagada. Los pechos andaban por los suelos. Una tenía la cosa afeitada. Se detuvieron frente a mí. Se sonrieron, y más encima me saludaron amablemente. Como si fuera un vecino nuevo. Me miraban de arriba abajo, seguramente porque yo estaba vestido. El único pendejo vestido en la playita era yo. Chucha-e-su-madre, me dije. ¿Dónde cresta me vine a meter? De puro educado les respondí un mucho-gusto, al cuadrado de falso. Pero menos mal que se fueron."
No podíamos aguantar la risa. El guatón se quejaba: "Ya pú huevones, no se me burlen, si esto es bien serio". Uno de los profes más conocido como el Moscardón, porque zumba pero hace tiempo que no pica, dejó de mirar unas minas en pelotas que tenía en un CD y se acercó a escuchar. El Califa, que le estaba mirando las piernas a una profe de medias negras también se colocó al lado del gordito. Ya éramos más de seis riéndonos como locos.
Los fanáticos de los paneles externos se nos quejaron. No se podían concentrar. Uno de ellos, que para variar no cachaba nada pero se las daba de sabio, con voz seria y circunspecta intentó esbozar un reclamo a modo de teoría. Pero como al pelota no le creía nadie le grité:"Dejen esa mierda". "Este gallo está contando su aventura en un campo nudista. Acérquense."
Diez oyentes se agregaron. Hubo que pedir silencio. El guatón inmutable. Cara de piedra. Siguió. Con los ojos redondos y los inmensos antejos claros, parecía profesor universitario dictando cátedra. "Cuando se alejaron las viejas empelotadas. Aproveché para sacarme la ropa. A todo peo. Como si el desnudarme rápido me quitase la plancha de estar ahí.
Menos mal que traía el traje de baño puesto debajo de la ropa. Tan huevón no soy. Pero como estaba nervioso, se me atajó la pata en el cinturón del jean y me fui de costalazo, de cabeza a la arena. Justo entonces, las viejas se habían parado a conversar con otro nudista. Un hombre inmenso. Con una tirita negra alrededor de la pelvis y un inmenso bulto al frente. Pa' peor las viejas de mierda estaban apuntando para donde yo estaba. Ahí yo, el baboso, en el piso, con la cara metida en la arena, los pantalones a medio sacar y el huevón grandote cagándose de la risa. Qué vergüenza."
"ja,ja,ja,ja," El salón retumbaba. Y el Canalete, serio como carabinero.
La gente comenzó a acercar sus sillas. Ya no se oía ni un "clack" en la habitación. El gallo que entraba, se juntaba al grupo.
Un comedido le preguntó: "¿Y para qué fuiste entonces a la playa nudista, Canalete?". "Para sacarme lo "cartucho".
Yo soy muy cartucho pa' mis huevadas. Pero me decidí a quedarme en la playa nudista. Quería ver hasta donde era capaz. No es fácil empelotarse entero. Todo el mundo que pasa te mira. Así es que me quedé en traje de baño. De color negro. El más chiquito que tengo. Me acosté en mi toallita. Me puse los anteojos oscuros. Una gorrita para tapar la pelá. Me eché harto aceite de broncear. Feliz. Como pollito broiler en la vitrina del supermercado. Y me recosté a disfrutar del show."
"Me sentía mejor. Unas chiquillas jovencitas, con unas tetas bien buenas, se tendieron cerca de mí. Uyuyuy, dijo, medio excitado el manfinflero del Moscardón mientras se le caía la baba de puro caliente. Guatón, no perdiste el viaje, cabrito. Después pasaron unos con andado de marica. Me miraron descaradamente. Agarré un puñado de arena en cada mano, para lanzarles, por si se ponían frescos. No pasó nada. Pero me faltaba algo. Tenía que sacarme el traje de baño. Tenía que tostarme el poto. Algo exótico tenía que hacer en la playa nudista. No me podía quedar como el centro de atracción. No me atrevía a dar el paso final. Pero se me ocurrió una alternativa ¿Adivinen qué hice?"
Todos estábamos en suspenso. "¡Me saqué una bola afuera del traje de baño! Así no más. A lo puro valiente, de golpe. Bola afuera, mierda." Lo dijo con voz fuerte y muy seguro de ser la mejor decisión en su vida.
Los muchachos de las corbatas, aprovechando de que el presidente se había mandado a cambiar con una colega para revisarle, en privado, la enésima licencia médica que presentaba, se habían sacado las corbatas y ya las tenían como cintillos en la cabeza. Uno de ellos, preocupando a todos pidió un vaso de agua. El huaso, un gil que critica hasta los chistes y que está convencido de que todos los que viven de Angostura para acá son huevones, por primera vez aplaudía frenéticamente la historia.
Otro profe, un viejito, coloradito y de pelo blanco estaba apretándose la guata en el suelo. Por su parte, uno que había recuperado su vista periférica miraba de reojo un documento, pero también paraba la oreja
El Canalete, levantando la barbilla, agarró confianza. Al ver su nueva popularidad exigía que no nos riésemos todavía. Que lo dejáramos terminar la historia.
"Y ahí, feliz estaba yo con mi bola derecha al fresco. Las patas abiertas, tomando sol, y la bola colgando afuera del bikini. Ah, puta gallo, qué rico. Por lo menos algo choro estaba haciendo. Las viejas arrugadas pasaron de vuelta. Me miraron la bola. Se hablaron entre sí y se sonrieron. Seguro que se habrán acordado de días mejores cuando estaban jóvenes.
¡Guatón estás lo máximo! Me tuve que felicitar solito. Era mi triunfo personal sobre el cartuchismo. "Pero en mi euforia se me olvidó algo muy importante. Esa bola nunca había estado al sol.
Toda su vida estuvo acomodada adentro de los calzoncillos. A mí me bautizaron con traje de baño. Nunca, nunca, nunca de adulto esa bola había estado al fresco. El sol estaba pegando fuerte. Pasados veinte minutos la bola empezó a quemarse. Mierda, dije. ¿Qué hice? ¡No le puse aceite de broncear! Agarré el frasco del aceite de broncear. Me puse un poco en la mano y fui a rescatar mi bola. Imposible. El huevón grandote de la tirita negra, estaba pasando de vuelta. Otra gente venía detrás. Como cinco personas me estaban mirando la bola.
¿Cómo mierda me iba a masajear mi bola con aceite, delante de tantos extraños? No. Estoy puro hueveando, pensé. Calculé en lo peligroso de tener un cáncer de piel, en las bolas. Capaz que se me mueran los espermios. ¡Los Canalete de Chile se van a quedar sin genealogía! Me sequé el aceite de las manos. Me levanté el borde del traje de baño, y mi bola, adentro mierda. Me la guardé delante de todo el mundo. "Vayan a verle las bolas a su abuelo, huevones curiosos", me decía a mi mismo. Me levanté y me fui bien serio. Allí se quedaron los enfermos de frescos. Tostándose el poto. Nunca vuelvo por allá. Mala idea."
Aplausos estallaron por todas partes. Canalete bajó la cabeza y esbozó una sonrisa de agradecimiento. Se había sacado un peso de encima. Por lo bajo me dijo que la historia era de verdad y que el coco todavía le dolía.
Todos se reían y palmoteaban al guatón. Medios cufifos y tambaleando se metieron al salón en donde todavía seguía hablando y hablando el jefe, el chiquitito y moreno que hablaba y hablaba acerca de la importancia del evento para la educación de la región.
Por cierto, todos estábamos de acuerdo mientras esperábamos con ansias que uno de los "socios" nos avisara que se había programado otra reunión de análisis del FOGES.

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